por José Cadenas | 24 Septiembre 2009
Intransigencia: Intolerancia, empecinamiento, fanatismo, terquedad.
Son de las situaciones más incómodas las vertebradas a lo largo de la intransigencia. Y no tengan ustedes dudas de que la hay respecto a nuestro entrenador, Manolo Jiménez y respecto a nuestros dirigentes.Estamos en un punto determinado de una situación determinada. Tú apuntas en una dirección, expones, piensas, meditas y compones una posible solución, una mirada hacia delante. Pero alguien se pone en tu camino y aplica la intransigencia como único argumento a todo.
Ante una evidencia no cabe dar más vueltas pero el intransigente no para de cerrar puertas, ventanas y lo que haga falta para que sufras en tu acorralamiento.
Yo siempre he sido partidario de dejar una puerta abierta, siempre la hay. Aunque sólo sea para invitar a alguien que nos es desagradable a que abandone el lugar. Por tanto, no entiendo la obstinación que hay detrás, delante o al lado del intransigente.
Qué motivos le llevan a tal comportamiento que no conduce más que a tensar una cuerda que puede romperse y retornar directamente hacia su nariz.
Qué tipo de condicionamiento le puede llevar a alguien a tener la sartén por el mango y aún así darle la vuelta para que caigan los trozos de carne directamente a las brasas. Qué tipo de alta cocina puede defender un plato así.
Hasta la persona más tonta del mundo, más plasta, más jodida, merece una salida. Todos necesitamos una salida. La intransigente también. Algunas ya la han tenido. Y a las que aún no la han encontrado pienso que se le dará, llegado el caso.
José Cadenas



