por José Manuel Ariza | 19 Septiembre 2009
Saludos.
No tengo más remedio que pensar que alguien está pegando tirones de orejas. Y también que tanta queja, tanto blog, tanto artículo –de los nuestros, de los de la casa y no de otros intereses-, han debido llegar a algún punto y se ha hablado del tema un poco seriamente.
Concedo que para el fútbol moderno los resultados –los que sean y como sean-, que garanticen ingresos, son determinantes y todo está supeditado a ellos.
Pero me resisto a hacer un análisis tan “simplista”. Me niego.
El fútbol es espectáculo. El fútbol son goles. El fútbol es ganarle al contrario y si es posible, por varios, por un montón, por muchos más goles. Ésa es la esencia del fútbol. Del de ahora y del de siempre. Y ver, hoy día, más de tres o cuatro dianas, se torna complicado.
Si miramos la Historia del Sevilla, encontraremos marcadores escandalosos, impensables en nuestros días. Eso, los goles, fueron siempre la salsa del fútbol y recuerdo partidos en que llegué a perder la cuenta de los aciertos y los nombres de los protagonistas.
Hay una sentencia que dice “comulgar con piedras de molino”. Aplicada al caso que trato, sería tener que convencerme de que jugando a no perder estamos haciéndolo bien.
No.
Se hace bien saliendo a ganar –aunque no se consiga siempre-. Y se hace como se ha hecho contra el Zaragoza y contra el Unirea –y no como en Valencia-, porque, estoy convencido, tanto sevillista clamando tiene que haber llegado a algún sitio. Alguien ha escuchado y alguien, lógicamente, tiene que haber entendido que tenemos equipo para salir a ganar, para crearle dolores de cabeza al contrario y para dejarles a ellos la tremenda preocupación de ver cómo nos paran.
Ellos, la mayoría, deben tratar de pararnos. Ellos.
Quiero pensar que tal vez haya un punto de inflexión y que vamos a plantearnos los partidos de forma diferente de ahora en adelante. Quiero creer que hemos llegado a ser conscientes de que tenemos un equipazo y que podemos desarbolar a quien se ponga por delante, se llame como se llame.
Y quiero pensar que asumimos la idea de que algunos exigimos más porque estamos convencidos de que podemos, de que no queremos milagros ni gestas heroicas.
Usar las armas que tenemos que son muy, muy buenas.
Y si de ahora en adelante volvemos a ver a un Sevilla atacante, fuerte y letal –aunque haya ocasiones en que se pierda-, seré el primero en pedirle disculpas a Manolo Jiménez.
Como le prometía al amigo Bartolo, no tendré el menor pudor es decirle al Entrenador todo lo contrario de lo que le he venido diciendo hasta hace dos partidos.
Quisiera volverme “jimenista” porque me gane con su fútbol.
Cuidaros.
José Manuel Ariza



