El tiempo y los símbolos

por Francisco Borrego | 11 Septiembre 2009

Cuando mis neuronas juveniles estuvieron preparadas para asumir la realidad que tristemente nos envolvía, me enseñaron a abominar de los colores nacionales. Bien es verdad que representaban un tiempo que prefiero olvidar. Me posicioné, como la mayoría de los jóvenes de por aquel entonces, en contra de todo lo que representaba un régimen que castraba los aires puros de libertad que todos soñábamos. La democracia nos trajo un tiempo de esperanza, consolidando los símbolos y renovándolos bajo lo que exigía los nuevos tiempos. De aquella bandera rojigualda en la que sobresalía en su centro un águila representativa del poder onmimodo hasta entonces, se pasó a nuestra bandera institucional cuyo escudo representa el sentimiento democrático que aconteció después.

Aún así me costó asimilar la nueva señera, puesto que aún conservaba en mis neuronas aquellas tres franjas que recordaban los años oscuros de mi infancia y parte de mi juventud. Pasó el tiempo y la transformación sufrida por España, hizo reivindicarme en la simbología que ayer me era tan ingrata. Hoy, más que nunca, me siento identificado con los símbolos de España, con su escudo y su bandera, una vez tamizado mis temores por el filtro de la existencia. No se trata sólo de los años que van suavizando al ser humano, hasta convertirlo en un ser acomodado, como se dice en el argot político aburguesado. No es mi caso, porque todavía existe dentro de mí ese aire fresco donde anidan las ideas sanas y no mediatizadas por agentes interesados. Pero sí decir que los años democráticos me han hecho más reacios a creerme todo lo que me dicen, venga de donde vengan, puesto que, tanto en un lado como en otros, las ideas las han adobado a su antojo según convinieran para sus frutos electoralistas.

Hoy me siento español y orgulloso de pertenecer a una nación que a lo largo de la Historia, y ante sus avatares,  ha sabido estar a la altura de las circunstancias. Me siento más orgulloso cuando veo que el club de mis amores, tiene a gala llevar en las camisetas con las que se enfrentará a equipos europeos ,algo representativo de la nación a la que pertenece, una nación que debe ser un sentimiento unido en aras del progreso y del bienestar.

Por tanto me da mucha pena que otros sevillistas como yo, aunque no tenga más remedio que aceptarlo, manifiesten donde no deben su disconformidad con el sentimiento de nación por representarlo en el diseño de la camiseta. Me puede gustar más o menos, podría parecerme que si estuviera más discreto estaría mejor, pero abominar de los colores de España y de nuestra Nación no me parece lo más oportuno ni lo más sensato e inteligente en los momentos actuales.

Francisco Borrego

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