por Pepe Gallego | 4 Septiembre 2009

Nunca pensé que llegaría ese día en que la desidia y la pereza apareciesen en mi mente cuando de ver al equipo de mi alma se trataba. Nunca pensé que la ilusión sempiterna de ir al Sánchez Pizjuán que albergaba desde que tengo uso de razón, iba a pasar a convertirse en una tediosa y aburrida rutina.
Pero ha llegado ese momento, y lo ha hecho cuando se supone que más alegría, ilusión y ganas debería de tener por ir, ya que mi equipo vive el momento tanto deportivo como institucional más importante de su más que centenaria historia.
Sí señores, me agobia pensar que el próximo partido será otra muesca que hacer en el umbral del aburrimiento, del sentir que se tiran millones de euros y toneladas de ilusión a las manos de quien no sabe ni qué hacer con 10 céntimos. De un entrenador incapaz de asimilar que el Sevilla timorato y a expensas de los rivales que él propone construir, está muy lejos del potencial deportivo de una plantilla construida para atacar, para ser valiente y para salir a ganar a todas partes. Una plantilla a la que no le gusta el voleón fácil, ni tampoco que sus delanteros estén más pendientes de la salida de balón del central contrario que de mirar a portería. De unos extremos cansados de la quimera que supone recorrer 70 metros cada vez que cogen la pelota porque se encuentran tan lejos del marco rival. De un portero acribillado debajo de los palos partido sí y partido también. De mediocentros incómodos porque su míster les coloque unas cualidades que no poseen.
Y la afición…
Qué decir de esa parte tan amplia de la afición, que día tras día bosteza de ver bodrios soporíferos. Con las narices hinchadas de ver a su equipo arrastrarse por los campos a expensas de cualquier rival sea cual sea su nivel, y casi rezando para que Palop siga siendo santo y Kanouté ó Luis Fabiano sigan siendo letales cuando por casualidad se llegue alguna vez arriba durante el encuentro.
Ó mejor podemos hablar de la parte de la afición que está con el entrenador amparada en sus resultados, cosa totalmente lícita pero al mismo tiempo extraña, ya que tanto a ellos como a los primeros les gusta el buen fútbol, que no el tiki-taka, y lo toleran porque no les queda otra, ó siguen confiando en los resultados, ó le dan la razón a los que no quieren a Jiménez, lo cual para muchos no es una opción. Pero gustar, lo que se dice gustar la propuesta de este entrenador, no creo que le guste a nadie, tanto defensores como por supuesto a detractores.
En lo que respecta a Jiménez, decir que no pongo en duda su sevillismo , ¡válgame Dios! , pero sí su nivel como técnico de una plantilla que le supera con creces, y de un equipo GRANDE (con mayúsculas) al que hace jugar como un pequeño (pequeñísimo) porque sencillamente no sabe hacerlo mejor, ó si prefieren que lo diga de otra forma, porque los conocimientos no le dan para alcanzar, ni muchísimo menos, el nivel que este equipo necesita en el banquillo.
¿Quedó tercero?, sí, y no hay ningún sevillista que no se alegrase por jugar la Champions de manera directa, pero todos sabemos de sobras cuántas aristas tenían esos resultados…
En mi opinión, la culpa de todo este debate ya no la tiene Jiménez, sino quien ha permitido (el consejo con su presidente a la cabeza) que continúe al frente de la plantilla aun a sabiendas de que una gran parte de la afición no le quería, que otra gran parte del vestuario tampoco, y que el debate y la controversia seguiría abierta porque Jiménez no iba a cambiar. Le han “obligado” a jugar con dos puntas y dos extremos a golpe de talonario, y él así lo ha aceptado pero claro ahora viene el matiz, que es colocarlos a todos por detrás de la pelota y hacerlos replegarse cuando no se tiene el balón, ó sencillamente colocar a los delanteros a perseguir a pseudo-mediocentros como Marchena, que al final dieron por resultado la expulsión de nuestro mejor delantero desquiciado por jugar a algo que no sabe ni quiere, ó con la sonrojante estadística de tirar a puerta por primera y única vez en el minuto 83 de partido.
Es lo que hay señores, y lo es porque así lo han decidido quienes mandan y muy bien habitualmente, pero que se han equivocado por completo se consigan ó no los resultados, ya que no se puede convertir a un equipo con mentalidad ganadora y que ofrecía ilusión y espectáculo a raudales para orgullo de su afición, en un equipo ramplón, sin chispa, con una mentalidad de equipo pequeño que asusta, y hasta lentorro.
Señor Del Nido, Monchi y demás consejeros, es soporífero ver al Sevilla, un agobio total que solo salva la calidad de varios integrantes de la plantilla que ganan puntos casi por castigo.
Esto ya no es lo que era, como dirían en un famoso corto que pulula por Internet, a lo que yo añadiría que todo es gracias a ustedes, a los que han decidido que un técnico sin nivel, que no sabe plantear partidos, que no sabe reestructurarlos en mitad de los mismos, y que hasta sus ruedas de prensa son un insulto a la inteligencia de los aficionados, siga con las riendas de un caballo de carreras cuando sus limitaciones no son ni para montar a los ponis de la feria.
Qué lástima de grandes momentos estamos tirando a manos de este señor. Qué pena, de verdad….
Pepe Gallego



