por J. Félix Machuca | 3 Septiembre 2009
Unas declaraciones de Koné, que pese a los años que lleva en Sevilla aún cuenta con graves problemas para manejar el idioma, han servido para poner en la torpedera el primer pepinazo contra Jiménez. El escenario no podía mejorarse: el equipo perdió en Valencia de mala forma y con peor imagen dando la sensación más de aspirar a no descender que a situarse, airosamente, en la liga de los ochenta puntos.
Koné, según los cortes radiofónicos que he podido escuchar, ha venido a decir, ya digo, manejando el idioma como los comanches de Jerónimo, que el entrenador le dijo al equipo que cuando el contrario tuviera el balón se replegarán para ganarlo y después contraatacar. La frase, para mi llena de razón y lógica, ha sido interpretada, casi de forma general, como un canto al autobús en la portería, como la prueba fehaciente de que Jiménez es más amarrategui que el segundo entrenador del Indauchu. Lógicamente cuando el equipo contrario se adueña del balón lo suyo es replegarse y tratar de robárselo para, con buen sentido, montar un contragolpe. El Sevilla no carece de buenos jugadores para asumir una estrategia tan básica.
No obstante, como les cuento, gran parte de la opinión ha creído entender en el confuso y desigual castellano del negro Koné la prueba fundamental para desnudar todos los argumentos del entrenador sevillista. Vuelvo a repetir que a mi me parece que está lleno de razón. Otra cosa es que en Valencia se quedara con la socarrá de la paella pegada en la pizarra de la estrategia y sorprendiera a todos dejando en la banca a jugadores que han venido acoplándose a lo largo de la pretemporada. La presión sobre el entrenador no ha hecho más que comenzar. Hay que tener un rostro más duro que el de Berlusconi para poder soportar un combate con la opinión a tantos asaltos. Puños fuera desde el minuto uno. Seguro que Jiménez lo sabe. Y hará todo lo posible por no dejar descubierto su flanco más débil. Que lo tiene. Como cualquier hijo de vecino. Pero soportar un combate de tantos asaltos con un piñazo en el hígado nada más comenzar no es bueno para nadie. Sobre todo para él y para el equipo. A la opinión es posible que le venga de dulce. Y no hay nada que reprocharle. Salvo que sus puñetazos no sean bajos. Demasiado bajos.
J. Félix Machuca



