por Manuel Miranda | 1 Septiembre 2009
Llegó el día D y la hora H, lo que tanto tiempo llevábamos mucho esperando, y a las primeras de cambio nos partieron la boca.
Aplicando el sentido común, no era muy descabellado que se diera un resultado como el que se dio, porque aún siendo nuestra plantilla algo superior a la actual del Valencia, éste no deja de ser un gran equipo, y Mestalla un feudo difícil.
Ahora bien, a partir de ahí hay que analizar lo sucedido, y lo sucedido una vez más es todo lo contrario a lo que el entrenador había dicho horas antes en rueda de prensa. Según él, este Sevilla con Kanouté, Luis Fabiano, Negredo y Navas en ataque no puede permitirse lo que horas antes había hecho el Shakhtar Donetsk en la Súper Copa de Europa, que no es otra cosa que jugar encerrado atrás esperando a que le llegara un momento para intentar darle un zarpazo al Barça.
Y mira tú que transcurre el partido, que el Sevilla apenas pisa el área rival, que no lanza un córner, que lanza una sola vez a portería, ¡¡y en el minuto 83!! Resulta que no son los defensas del Valencia los que tienen que estar pendientes de los delanteros del Sevilla, no. Es Kanouté el que tiene que estar pendiente de Marchena. Es Navas el que prácticamente tiene que hacer de lateral derecho para tapar a un tal Bruno, etc. Y esto no es la primera vez que pasa. Ya uno de los periodistas denostados por esa corriente del Sevillismo que no admite crítica alguna, Lucas Haurie, definió esto como el Plasinismo, pues a Jiménez no se le ocurrió ese día otra cosa que cambiar las bandas que normalmente utilizaba para parar a un jugador de un equipo que estaba en puesto de descenso. Igual hemos visto a Kanouté intentando tapar a Zigic, Fazio con Llorente, Maresca con Xavi, y así a montones de calamidades.
Este es el “fútbol” que defiende el entrenador del Sevilla, un fútbol que se basa únicamente en el resultado, pero que cuando éste no llega detrás no queda nada. Bueno, sí, la ira de una parte de la afición (dejémoslo en el 50 % de la afición) que ve que tiene una plantilla para más.
Muchos defienden que con Duscher, Zokora, Fazio, Romaric o Renato el Sevilla no puede hacer más. Venga ya señores, a mí de milongas las justitas. Que cierto es que esa facilidad de salida de balón sin Daniel Alves es menor (teoría ahora de aquellos que solían criticar a este auténtico crack, al que culpaban de la mitad de los goles que encajaba el Sevilla, y que ahora lo echan de menos). ¿Pero me quieren ustedes hacer creer que el centro del campo del Sevilla, aún sin Daniel, es peor que el del Valencia, que el del Atlético, que el del Depor, que el del Zaragoza, etc.? Tararí que te vi.
El problema es que el Sevilla, igual que hace 2-3 años, tiene la tercera plantilla de España, pero antes el equipo salía a por el partido sin especular, a comerse al rival, a intentar machacarlo si podía, y para ello jugaba con las líneas adelantadas, de tal forma que cuando se recuperaba la pelota, en uno o dos toques los atacantes estaban al borde del área y no tenían que correr más de 20 metros.
Ahora no ocurre eso. Ahora de los 11 jugadores del Sevilla, al menos 9 juegan por detrás del balón, la presión se hace 30 metros más atrás de lo que se hacía antaño por lo que cuando los Navas, Capel, Luis Fabiano o Kanouté reciben la pelota y levantan la cabeza ven no menos de 45-50 metros de distancia hasta la portería contraria y una nube de contrarios a los que sortear. Antes, en 15-20 metros podías encontrarte dos contrarios y los nuestros, con su calidad, se podían deshacer de ellos y clavarla. Pero claro, ahora con 50-60 metros por delante, ¿cuántos contrarios tienen que sortear? Aparte del desgaste físico y mental que ello les provoca y que acaban con un desquiciamiento como el que ayer le ocurrió a Kanouté.
Desde la llegada de este entrenador hemos pasado de un fútbol moderno al fútbol de hace 15-20 años mínimo. Con Jiménez tenemos asegurado, igual que en la película de Michael J. Fox, el Regreso al Futuro.
Manuel Miranda



