por Pedro Monago | 31 Agosto 2009
Quien haya tenido la amabilidad de leer alguno de mis posts anteriores sabe que vengo defendiendo sin resquicios el trabajo de Jiménez al frente de la primera plantilla, avalado por unos resultados que para mí son incuestionables. Me molesta, además, el ambiente crítico que vive el sevillismo, pareciéndome una auténtica pamema el rollo ese de “me aburro viendo al Sevilla”. Que nadie se frote, sin embargo, las manos con esta introducción pensando que cambio de opinión después del partido de ayer. No es eso.
Mi opinión sigue siendo la misma y no va a cambiar porque el equipo haya jugado uno de los peores partidos que yo le recuerdo en los últimos cinco o seis años. Ni siquiera voy a dar mi opinión sobre los aspectos técnicos de la cuestión porque eso ya lo hace mucha gente y además mi opinión de lego no es especialmente interesante, lo reconozco.
La cuestión es más bien el tratamiento posterior que se le da al partido por nuestro primer entrenador, ya tratada también en alguna ocasión anterior por mi parte, recomendándole asumir -yo diría que incluso con orgullo- el estilo futbolístico que propone y, sobre todo, ser un poquito autocrítico.
Es una cuestión muy personal, debo admitirlo, pero a mí me resulta chocante que siempre haya una justificación para los desempeños deficientes. En mi opinión es demasiado simple decir que el partido de ayer era de 0 a 0 -precisamente porque soy resultadista y si ha acabado 2 a 0 es que el partido era de 2 a 0- o que todo cambió a partir de la sustitución por lesión de Romaric -hasta ese momento el partido no había sido muy distinto- y la expulsión de Kanouté -idem de lo mismo-.
A veces una derrota tiene razones exógenas y está bien que se diga, pero lo de ayer no me parece justificable por el cambio de Romaric y la expulsión de Kanouté, ni tampoco por el estado del césped o el pésimo arbitraje de Rubinos, sencillamente porque nada de eso puede explicar que el primer “disparo” a puerta de un equipo que se presenta como el tercero de España se hiciera en el minuto 82. A mí no me parece especialmente grave que esto pase, son gajes de un oficio en el que, como en cualquier otro, a veces se acierta y a veces se falla, pero creo que debemos partir de la base de que efectivamente a veces se falla y reconocerlo es, creo yo, sano.
Por lo demás, como digo, la derrota no me preocupa especialmente, salvo que el cuerpo técnico considere realmente que las cosas se hicieron bien y que, por tanto, no hay soluciones que buscar.
Pedro Monago



