por Pedro González | 10 Agosto 2009
El espanto, otra vez. Mi mente no admite que la historia vuelva a repetirse. Qué la noticia de la muerte de Daniel Jarque tenga tanto parecido con la de nuestro Antonio Puerta. Y voy del espanto al asombro y del asombro al espanto.
Las miles de preguntas que me vuelven a inundar la cabeza, planean como aves carroñeras sobre un cielo negro, lleno de zozobra ante, otra vez, la magnitud de la tragedia. Una tragedia que se cobra la vida de una persona joven, deportista de élite, en la flor de la vida. Sin aviso previo, sin antecendentes que pudieran hacer siquiera sospechar que la parca iba a segar la vida de alguien que rebozaba salud por todos los poros de su piel. Siempre que ví a Jarque actuar me pareció un central poderoso, valiente, duro, fibroso, lleno de vitalidad.. y ahora….
¿Cómo es posible que un atleta de élite, como lo son cualesquiera de los profesionales que juegan en Segunda y Primera División, puedan sufrir un ataque al corazón, después de tantas y tantas pruebas a las que son sometidos cada inicio de temporada?¿Cómo es posible que una persona, cuyo organismo ha sido sometido a esfuerzos continuos desde muy joven, en entrenamientos y partidos de fútbol de alta competición y que necesitan una preparación física acorde con esos esfuerzos, no den la cara en ningún momento de su trayectoria deportiva y de repente un colapso del órgano principal acabe con su vida?.
La verdad que estas dos preguntas y muchísimas más seguían, siguen y seguirán sin respuesta en mi cabeza. Quizás por mi incapacidad de admisión o entendimiento o de comprensión del por qué se arrebata la vida de esa forma tan traicionera a un joven que, de antemano, está superpreparado para que su corazón no se rinda. Lo de Jarque es para no creérselo. Y tiene tantas connotaciones con lo que sufrimos los sevillistas hace apenas dos años, que te deja el ánimo roto y el recuerdo en carne viva. No puedo creérmelo, como todavía hoy no me creo, me niego a creer,que nuestro Antonio Puerta se nos fuera dejándonos el asombro y el espanto, el espanto y el asombro como premisa diaria en nuestras vidas de sevillistas.
Me gustaría tener palabras de consuelo para la familia españolista. Quizás, las que más les llenen, es que por aquí abajo entendemos, y vaya si lo entendemos, lo que están pasando ahora. Que, desgraciadamente, existe ya un vínculo eterno entre nosotros, un vínculo de dolor y de pérdida irreparable, que golpeará insistentemente nuestros corazones, incapaces de comprender la muerte de dos personas, jugadores de futbol de élite, cuya ausencia será un estigma grabado, para siempre, en nuestras almas de aficionados.
Desde esta página de opinión sevillista, juntos en dolor, nuestro más sincero pésame a sus familiares y a toda la familia españolista.
Descanse en Paz.
Pedro González



