Sobre Palanganas y Pepinos

por Carlos Romero | 4 Agosto 2009

Ser colchonero, merengue, culé, verderón, periquito, submarino amarillo, boquerón, choquero, león, etc, no tiene nada de especial, supone algo divertido y es así como se conoce a las aficiones de los distintos equipos. A nosotros nos conocen actualmente y localmente como palanganas.

Ya saben la cantidad de historietas verdiblancas de abueletes desmemoriados con las que debemos comulgar diariamente los sevillistas. Así, esta mañana misma, podríamos oír desayunando la historia del obrero, la de los tranvías, o la de lo malos que fuimos los sevillistas en la Guerra Civil intentando hundir a la entidad de la Palmera, cuestiones estas hoy perfectamente desmentidas y superadas con la documentación correspondiente en la mano. Pero si tuviese que elegir una historieta lúdico-daliniana que me alegrase el día, elegiría sin duda la de por qué nos llaman “Palanganas” por el profundo divertimento que me produce.

Como cuestión previa deberíamos decir que se supone que deberían saber por qué razón nos llaman así, pero podemos oír todo un surtido variado de versiones inconexas entre sí que pasan por el regalo de una palangana de cerámica trianera, cuando supuestamente se escindieron del Sevilla FC en 1909 para fundar el Betis FC, con lo que sentenciaron:

“…Aquí os dejamos como despedida esta PALANGANA, que la utilizareis de por vida para depositar las lagrimas que generaréis no por vuestros fracasos, sino por nuestros éxitos…”

Ironías del destino. Como comprenderán todo el mundo sabe qué club es del los éxitos en esta ciudad y aún esa palangana no ha sido estrenada por los sevillistas.

Otras leyendas profundizan en una supuesta opción sexual de Don Ramón Sánchez- Pizjuán que no merece la pena ni mencionarlas aquí por el esperpento que suponen y por el insulto derivado de la frustración ante la figura de nuestro gran presidente histórico, guía y faro del sevillismo.

Pero verdaderamente no saben que perfectamente pudieron ser ellos “los palanganas”, (fue realmente una oportunidad que perdieron y un tren que dejaron pasar), que vino a producirse a mediados de los años 40 según la prensa.

Estando el Betis en una situación económica lamentable tras este episodio que les digo, debían a los jugadores una importante cantidad de dinero a lo que ya casi se negaban a jugar. La directiva bética pensó que podría ser una buena solución poner unas palanganas repartidas por el estadio para que la afición pudiese aportar un óbolo, aunque parece ser que tuvo poco éxito ya que la afición no aportó demasiado para salvar a su club.

Por ello el equipo verdiblanco pudo llamarse perfectamente el “equipo de las palanganas” pero el sevillismo en aquella época estaba en otra guerra -como hoy mismo- el Betis comenzaba a militar en Tercera división y tan solo consiguieron que les llamasen “los pepinos”, derivado del color verde oscuro de sus camisetas que lucieron durante una época, tal y como hemos podido comprobar en las crónicas, sobre todo de un periodista que cubría los partidos del Betis, que se hacía llamar a sí mismo como P. Pino

Sin embargo desde siempre al Sevilla FC le llamaron el equipo “merengue” y esto es “de cajón” por la sencilla razón de que es un equipo vestido de blanco, cosa que igualmente ocurría con el Real Madrid y otros equipos que vestían del mismo color níveo. Pero con respecto al Sevilla FC, podemos confirmar esto viendo las crónicas de distintas épocas de su historia, siendo la primera encontrada de 1916 -aunque es muy posible que ya antes nos llamasen así- y las últimas encontradas en los años 70.

Para seguir profundizando en esto, sería necesario conocer algunas cosas más.

El Sevilla FC tuvo muy claro el tema de los colores desde muy temprano, aunque parece ser raro que en aquella época -1905- se usase el color blanco para jugar al “foot-ball”. De hecho los ingleses, en su país, usaban desde muy antiguo ya colores muy vivos para diferenciarse entre los distintos componentes de los equipos y además era por otra razón: el blanco era un color tendente a ensuciarse mucho con la práctica del juego, por lo que requeriría de mucha atención en cuanto a su limpieza. Debemos tener en cuenta que cada jugador se hacía responsable de la limpieza de la equipación personal.

Don Luís de Ybarra, socio fundador en 1905, estuvo en el Reino Unido cursando sus estudios y se trajo una equipación “colchonera” a rayas blancas y rojas, pero parece ser que no gustó mucho, por lo que fue relegada para el segundo equipo, (que no filial, ya que son cosas muy distintas).

Sin embargo parece ser que se encargó en Inglaterra una equipación compuesta de los colores blancos con una franja roja de la que no sabemos su disposición, (cruzada, horizontal o vertical) que nunca llegó a España, no sabemos bien los motivos.

Para el primer partido considerado serio, a principios de 1909, un partido a favor de los afectados por el terremoto de Mesina frente al Recreativo de Huelva, se utilizó una equipación provisional de color blanco completamente, que gustó tanto a los asistentes que decidieron adoptarla permanentemente, aunque nunca se olvidó el color rojo.

No estaría de más recordar que debería llamarse al equipo sevillista como “blanquirojo” en vez de “rojiblanco”, más propio de los equipos colchoneros, ya que el color predominante es el blanco.

Fue a mediados de los años 70 donde comienza a aparecer el término “Palangana”. Nadie recuerda anteriormente a estos años que le llamasen así por el hecho de ser sevillista ¿A qué pudo deberse esto?

Normalmente este tipo de apodos suelen ser generados por las aficiones rivales en tono despectivo en sus inicios y muy frecuentemente también, como es el caso, el equipo va adoptando poco a poco el apodo que coincide con un hecho concreto.

Y esto coincide con la puesta en marcha por cuestiones del marketing incipiente adaptado a los clubes de fútbol, de las nuevas equipaciones basadas en el blanco de siempre, con una pequeña línea roja en las bocamangas y en el cuello de las camisetas que se repetiría durante varias temporadas, lo que inducía a pensar en las antiguas palanganas blancas con el filo en rojo.

Es por esta razón y no otra por la que se nos empieza a conocer en la otra orilla como “Palanganas”. Llámenme Palangana, por favor, y a mucha honra.

Carlos Romero

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