por José Manuel Ariza | 4 Agosto 2009
Saludos.
A pesar de que he estado quince días absolutamente desconectado de todo, en cuanto he vuelto he tenido que dedicar varias horas para empaparme de todo lo posible en la actualidad del Sevilla.
Veo, por tanto, que el eterno culebrón de Luis Fabiano sigue su curso como todo verano que se precie. Éste tipo -y los listillos que le tiran de las cuerdas- está consiguiendo llevarme al extremo de empezar a escribir tacos gordos. Contaré hasta diez.
Sin ir más lejos, ayer iba en mi coche a una reunión familiar y sintonizaba la RN1, la Radio Nacional de España y no porque tenga ninguna motivación especial para haberla elegido, sino porque de entre las posibles alternativas a la SER, ésa me parece la menos mala… hasta que llegamos al informativo, apartado deportes.
Luego del consabido repaso en profundidad a todo tiquismiquis alrededor del equipo del régimen -que sin ofrecer noticia alguna ya es noticia de por sí-, abordan algo de los catalanes y un repaso liviano, somero, a algunos de los del pelotón. Gracias por la parte que nos toca. Todo un placer.
Pero en la crónica con el reportero destacado en Sevilla -gracias de nuevo por dedicarnos la atención de un reportero-, sacan a relucir el “caso Fabiano”, lógicamente, porque solo nos conectan cuando hay noticias negativas, como todas las demás emisoras de cualquier medio.
Dice el sagaz destacado que el Milán ha hecho una nueva oferta al Sevilla por el brasileño de 20 millones y el suizo Volanthen y recuerda que el Sevilla había puesto un mínimo de 18 millones para comenzar a hablar.
Y se queda tan pancho.
Y yo me quedo con cara de gilipollas -más de lo habitual-, porque sin ser de matemáticas, apenas con los dedos de las manos no me salen las cuentas. ¿Estaría de broma o sería el resultado de una profunda investigación periodística? Lástima no haberme decidido por ésa carrera para así poder comprender ésos procesos mentales que para un ciudadano inculto como yo resultan tan abstractos.
Lamento no haberme quedado con el nombre del ínclito y lamento no poder tenerlo cerca para preguntarle: “Oiga, amigo, ¿me explica de qué forma el Milán pone sobre la mesa 20 kilos y un jugador para negociar sobre un mínimo de 18?
Una de dos o las dos: es carajote o rellena las crónicas de prisa y corriendo para así, con más tiempo, dedicarse a otro equipo más gratificante para él.
O una tercera: es un incompetente peligroso, sin asomo de profesionalidad, al le pagamos un salario por decir carajotadas y que además, se escuda en un medio cuasi anónimo contra el que no es posible, prácticamente, oponer nada.
Y como es harto difícil que me lea -aunque puede que sonara la flauta en algún momento-, le pediría que cambiase de camello o de profesión.
So carajote.
Cuidaros.
José Manuel Ariza


