por Nacho Mateos | 31 Julio 2009
Yo no se si es debido a una sobredosis de Teletubbies (en vacaciones los niños mandan aún más en el mando de la televisión) o que esto del calor no se lleva del todo bien, pero es increíble que cuando apenas el balón ha dado tres vueltas en la ciudad deportiva, y una y media en los partidos de preparación (ojo, partidos de preparación, que no partidos de competición), ya esté en la calle el dichoso debate sobre el juego y el entrenador. Me da miedo, y hasta un poquito de aborrecimiento, el pensar que esto sea lo que nos quede un día sí y otro también durante los próximos diez meses.
Como sevillista, primero quiero que el Sevilla FC gane, segundo quiero que gane, y tercero quiero que gane. Si es jugando bien mejor que mejor, pero ya me doy con un canto en los dientes si ganamos con la suficiente frecuencia que nos posibilite cumplir un año más nuestro objetivo. Pero ojo, los resultados los quiero a partir del 30 de agosto, los que se produzcan antes de dicha fecha no me dicen absolutamente nada. No voy a lanzar las campanas al vuelo por derrotar al Olympique de Lyon, ni tampoco pienso poner el grito en el cielo por caer ante la Juventus.
Tengo claro que esto es fútbol y que todos tenemos derecho a hablar de lo que creamos oportuno, pero… ¡un poquito de por favor!, porque pienso que es de locos esas criticas prematuras en el mes de julio, lo siento pero no puedo llegar a entender que a un mes del primer partido oficial ya estemos otra vez con el debate de Jiménez. Os aseguro que no soy precisamente su mejor seguidor, pero tengo muy claro que le hacemos un flaco favor a nuestro equipo si empezamos ya otra vez con lo mismo.
Entiendo que cuando un equipo es más grande la exigencia se vuelve más dura, y que el que no sea capaz de aguantar las exigencias y la presión no puede tener sitio en el proyecto que actualmente está embarcado el Sevilla FC. Pero… ¿por qué no esperamos al menos, a que el balón empiece a rodar de verdad, para luego comenzar a repartir estopa a todo lo que se mueva?. ¿Por qué palpo en julio tanta prisa?
Nacho Mateos



