por Agustín Embuena | 29 Julio 2009

Hay un dicho por todos conocido, que se usa para ser cicatero en dar explicaciones <<el que quiera saber, que vaya a Salamanca>> , sin embargo, los sevillanos que tengamos dudas , a la hora de valorar el papel de la medicina en el deporte, no tenemos que viajar.Tenemos la suerte de contar en nuestra ciudad, con un referente de la neurofisiología, cuya trayectoria es fácilmente constatable, no solo en su faceta de formador y docente, sino en la no menos importante, aunque quizás menos gratificante a corto plazo, de la investigación.
Pero no es el Juan Ribas de la Serna, catedrático de Universidad, cabeza pensante en los consejos asesores de instituciones y organismos ligados al deporte de alto rendimiento, el que hoy reclama mi atención. El Juan Ribas por el que hoy me felicito, es ni más ni menos que el Jefe de los servicios médicos del Sevilla Fútbol Club, que esta temporada, ha aceptado dedicarse plenamente a continuar el crecimiento de dicha área, en el equipo de Nervión.
En todo espectáculo y este deporte lo es, hay una puesta en escena que se pretende competitiva, brillante y exitosa. Esa es, la que partido a partido va creando incertidumbres, rompiendo esperanzas y quebrando o exaltando mitos. Todo ello, ya de por sí, conlleva un gasto que repercute de manera clara en el rendimiento físico a más de en el psicológico.
Además, no hay que olvidar, que ese duendecillo perverso y caprichoso de la lesión, está ahí, acechando para aparecer en el momento menos oportuno, o de la manera más tonta. Y para esta situación, huelga insistir en que un jugador adecuadamente preparado, sabrá solventar sus consecuencias con más recursos, que otro en iguales circunstancias, que no haya contado con una planificación adecuada.
Pues de todo eso, durante años, se ha venido ocupando el protagonista de estas líneas. Y lo ha hecho de manera callada y constante, convencido de su punto de partida y de la meta a conseguir y todo ello, de manera generosa a la hora de compartir los éxitos y cuasi heroica, a la de asumir fracasos que no eran suyos.
Todo ello y más, aderezado con simpatía, chistes malos a rabiar pero contados con total entrega y un mucho de bonhomía, nos acerca un poco al perfil de ese Juan, al que respeto como profesional, admiro como persona y quisiera contar entre mis amigos.
Hoy, gracias a esta decisión de dedicarse plenamente a dicho trabajo y el apoyo mostrado por el Consejo para facilitar su labor, los sevillistas estamos de enhorabuena.
Agustín Embuena



