Salidas y llegadas

por Antonio Ramírez | 16 Julio 2009

Zokora

Me arriesgo a no ser políticamente correcto e incluso a buscarme antipatías en algunos que se aferran a un pasado recientísimo y sientan sus bases sentimentales en el corto plazo y en el pellizco almibarado de unas lágrimas.

No soy de despedidas. No me gustan las formas que últimamente afloran en los futbolistas cuando dejan la disciplina del Club. Sé que es humano emocionarse. También sé que el Sevilla ha dado tanto a los que se han ido en los últimos años que sin duda es para llorar al anunciar la marcha.

Pero el profesional del fútbol, no hablo de los aficionados, debe estar psicológicamente preparado para ello. En estos casos soy de la misma opinión que una vez me expresó  Juan Castro, el profesor Castro. Lo mismo que un jugador se prepara físicamente, su puesta a punto emocional también debe estar para estos trámites. El profesional asume con rapidez el hecho de ganar grandes fortunas en un corto espacio de tiempo, de conducir magníficos deportivos, de ser el punto de mira de la admiración de las masas. El ego elevado a la altura de la estratosfera. También está preparado para los viajes, para dejar su casa e irse a vivir a un sitio distinto del que se crió y en el que vivirá algunas temporadas entre algodones y tratado a cuerpo de rey.

Por eso digo que también precisan en los momentos del adiós, mantener la templanza y la suficiente frialdad mental para no dar el numerito del llanto de despedida.

Hemos tenido recientísimos casos en nuestro club donde comprobarán esto que les digo. Unos se han emocionado y otros, quizá con más motivo para hacerlo, han aguantado el tipo.

Me parece chocante lágrimas en el adiós y a las pocas horas, al estrenar la camiseta del nuevo club que le paga el triple, una sonrisa de oreja a oreja.

En el fútbol profesionalizado de hoy en día esto no debe suceder.

Bien está la rueda de prensa de despedida, por aquello que es de bien nacido ser agradecido. Lo otro, lo del papelón lacrimógeno, no me cuadra. A veces te hacen sentirte culpable de la situación y eso no me gusta. Me gusta que nos agradezcan su placentera estancia, sus altas remuneraciones, el prestigio alcanzado, los aplausos, los títulos obtenidos y poco más. La vida sigue. Yo pagando mi abono y el que se va con los bolsillos llenos.

Por eso siempre me gustaron más las llegadas, los nuevos fichajes. Las declaraciones de intenciones y el “orgullo” que sienten de vestir la nueva camiseta. No hay lugar para la tristeza, sólo ocupa lugar la esperanza. Bienvenidos sean.

Antonio Ramírez

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