De perdidos al RIO

por Agustín Embuena | 15 Julio 2009

Eso parece pensar nuestro Presidente ante el proceso de subasta mediática de O fabuloso y fabulado Luis Fabiano. Dado que aunque minoritario en los derechos del jugador, el hecho de representar al club en el que milita, le da opciones claras para intentar sacar tajada de la salida del brasileño.

Personalmente, desde mis cortas luces, disiento de Jiménez. Llaméenme romántico, utópico, anacrónico o directamente imbécil, pero ya puede tratarse del mejor jugador del mundo, edad y ganas incluidas, pero para mí, basta con que exprese sus deseos de marcharse, para hacer lo posible para que lo haga.

Nadie duda de que el Fútbol, con condicionantes y circunstancias específicas, no deja de ser un negocio y como tal, los sentimientos desde el éxito al fracaso, han de reconvertirse en entradas y salidas de un debe y haber contables. Eso tienen las Sociedades Deportivas.

Pero dentro de esas particularidades que hacen de este deporte, espectáculo e inspiración de masas, está precisamente la identificación empática con los jugadores. La mitificación de personas, la más de las veces, excesivamente jóvenes e inmaduras como para poder asumir de golpe, fama, poder y dinero a espuertas.

Poco a poco, a la ilusión y las ganas de victoria, le va pudiendo el entorno más o menos interesado, la guardia de corps de esa corte de las vanidades que es la antesala del vestuario particular de cada jugador.

Se que no debe ser fácil deslindar deporte y provisión de fondos. Entrega y ganas de sudar la camiseta, con previsión y prudencia a la hora de “reservarse”, eso quizás es uno de los factores que define a la figura, al referente de propios y extraños, capaz de crear amores y odios incondicionales, que van más allá de los logros profesionales.

Mentiría si no reconociese que he saltado en el asiento y he prodigado abrazos, cuando el saber hacer del delantero en cuestión ha puesto gol, como apellido a su jugada. Pero también faltaría a la verdad, si negase que en más de una ocasión, le haya criticado su falta de ganas, su papel de convidado de piedra en más de un partido.

Estoy convencido de que, de fallarle su salida al Milán o la nueva posibilidad surgida ante la oferta del Manchester, el reto de hacer méritos para el próximo mundial, nos garantiza un breve periodo de asimilación del disgusto y una estupenda trayectoria hacia el Pichichi.

Pero que quieren que les diga, me basta con que se haya querido ir, para que desde ya, no merezca mi consideración como sevillista.

Agustín Embuena

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