Elegancia natural

por José Manuel Ariza | 10 Julio 2009

La cosecha del 2008/9 ha sacado unos caldos excelentes: terceros en la Liga, Champions por derecho y méritos propios y los vecinos viajando en el Metro, por debajo de la superficie.

Todo se nos ha puesto tan a nuestro favor que puede que alguno se haya sentido perdido en algún momento porque nos han faltado elementos de disputa. Sin argumentos contra los que atacar -por ausencia que no por valor-, la desaparición del vecino de nuestro horizonte nos deja un regusto agridulce que tratamos de superar con una media sonrisa.

Pero elegantes como somos, usaremos balas de fogueo y no vamos a hacer más leña del árbol caído.

No he encontrado grandes declaraciones de venganza -que no tendría mucho sentido- a pesar de que tenemos memoria. Y desde ésa memoria que cien Alzheimeres juntos no podría afectar, hemos evitado, en general, cebarnos con el caído.

Nos ha ayudado la metástasis del cáncer y que se prevean dosis masivas de quimio y radioterapia -combinadas y a cargo, seguramente, del erario público- para intentar salvar el organismo. También, que la pena natural les haya hecho más merecedores de lástima que del odio justificado a que han sido merecedores porque el virus, el que padece incontinencia verbal, deberá caer bajo las ruedas del carro. Y porque ya tienen bastante con lo que tienen.

No, no somos iguales.

No vamos a machacarlos porque no somos así; ni vamos a reírnos en sus caras aunque tengamos todos los ases de la baraja, ni vamos a estar toda la Liga recordándoles con quien jugarán cada domingo. O quizás sí. Pero sin abusar, por favor.

Somos diferentes, mejores y además, lo demostramos.

Y somos elegantes.

En formas y en fondo, no espero la sangría a la que tenemos derecho porque somos elegantes y porque, seguramente, lo que más duela sea la indiferencia, el ninguneo, el saber que sabes que sabemos que no eres ni mediano, ni importante, que no cuentas casi nada, que apenas constas…

Pero como somos elegantes, no se lo diremos.

Y recordaremos aquello de que “la más refinada forma de desprecio es la cortesía”. O lo de “con amigos como estos…”. También uno más antiguo que dice “arrieritos somos…”. Y si quieren, les sacamos las hemerotecas, las videotecas, las fonotecas y las fototecas, para resolver la cuestión: estáis ahí y no os lo diremos porque somos elegantes.

Somos elegantes pero no estúpidos.

Y no vamos a tragarnos los carros y las carretas de la lástima porque cuando han querido ensañarse, lo han hecho. Sin escrúpulos. Pero como nosotros no somos iguales, no usaremos las mismas armas. No. Sin duda. No las necesitamos. Llevamos tanto tiempo encima que casi les perdonamos que alguna vez, ocasionalmente, las tornas se inviertan.

Lo anecdótico se convierte en hito y eso nos indica el grado porque como sabemos, no importa que aciertes noventa y nueve veces si fallas la centésima.

Pero como somos elegantes y tenemos clase, jamás les recordaremos que hacer el ridículo es fácil. Lo complicado es limpiarlo. Y más aún, saber dónde están tus límites.

José Manuel Ariza

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