por José Enrique Vidal | 6 Julio 2009

Reconozco que a muchos de los lectores el título de esta entrada podrá parecerles una “contradictio in terminis”, pero les aseguro que no es así.
Quienes hayan leído algunas de mis anteriores colaboraciones para Columnas Blancas (Jiménez, la planificación y el juego del equipo) ya sabrán que incluso antes de que finalizara la pasada temporada, sostuve y razoné sobre la conveniencia de adquirir para la temporada que se avecina un mediocentro que aportase músculo y robo de balón arriba, tipo Lass Diarrá.
En síntesis, mi criterio se basa en que los centrocampistas de banda de nuestro equipo (Navas, Capel, Perotti, Acosta, Adriano) no participan en la construcción del juego ofensivo, al tratarse de extremos puros, muy capacitados para profundizar y servir a la pareja de delanteros, pero carentes de dotes organizativas, por lo que resultaría más práctico contar con efectivos que permitiesen recuperar la posesión del balón muy cerca del área rival para, en dos toques, ponernos en situación de gol, ahorrándonos una transición defensa-ataque que no sabemos hacer.
Si hacemos caso de las especulaciones periodísticas -y algunas buenas informaciones- que circulan a nuestro alrededor, parece que los pasos de la dirección deportiva sevillista se encaminan precisamente a la búsqueda del perfil de centrocampista anteriormente referido, se llame Zokora o Fulaninho, que eso da igual. Por otro lado, ya se ha confirmado la cesión del Crespo al Racing de Santander y parece cercana la transferencia de Aquivaldo Mosquera al América de México, por lo que se barrunta una segunda adquisición para el flanco derecho de la zaga, que apuntale un costado defensivo donde Konko, hasta ahora, se ha demostrado excesivamente guadianesco. Al margen de este par de posibles contrataciones, y salvo que se produzcan nuevas salidas, algo que a priori se antoja difícil por las circunstancias actuales del mercado, no creo que nuestro Sevilla se lance a por más fichajes. El nivel de la plantilla es muy alto y estaríamos al borde de sobrepasar el listón de las veinticinco fichas profesionales permitidas.
La pregunta que se harán muchos aficionados es cómo las preferencias de Monchi y su equipo de trabajo para reforzar la plantilla se centran en la adquisición de jugadores defensivos cuando el pasado ejercicio, si en algo brilló el Sevilla de Jiménez, fue precisamente en la retaguardia. A priori parecería que nuestro margen de mejora debería buscarse en el balance ofensivo, es decir, en incrementar la cifra de goles a favor, que fue discreta, y parece también que la solución natural y desde luego directa para ello sería buscar delanteros o media-puntas. Sin embargo, no podemos olvidar que el Sevilla Fútbol Club cuenta con un ramillete de hasta once jugadores de primer nivel para los cuatro puestos de ataque del equipo: Navas, Perotti, Adriano, Capel, Renato, Acosta, Alfaro, Koné, Luis Fabiano, Kanouté y Chevantón, muy difícil de mejorar y, en conjunto, al menos para mí, uno de los mejores del mundo.
Por ello, la clave de la planificación, a mi juicio, debe estar en el equilibrio. Éste debería ser el objetivo. La afición demanda que juguemos con cuatro delanteros, dos de ellos extremos, porque sabe que así es como se han conseguido los mejores resultados. Pues para ello es fundamental compensar nuestro once con jugadores que permitan no sólo sellar nuestra muralla defensiva en aquellas grietas que aún nos quedaban, sino también practicar una presión atosigante al rival, cuanto más arriba mejor, para facilitar el juego de nuestros extremos y delanteros. Dicho de otro modo, el futbolista defensivo -lateral, mediocentro, o cualquier otro- que sea capaz de recuperar el esférico en las inmediaciones del área rival y cederlo, por ejemplo, a Jesús Navas o a Diego Capel, en la práctica, equivale al primer futbolista en el despliegue atacante del equipo.
Así, si éste fuera el contexto de lo que se pretende, estoy convencido que esa prioridad por fichar futbolistas de perfil defensivo como los que suenan para nuestro Sevilla 2.009-2.010, más que un reflejo de la timidez de los planteamientos tácticos de Jiménez (ya verán como muchos así lo dirán), constituye una apuesta muy seria por el juego de ataque.
José Enrique Vidal



