por Sergi Victorio | 4 Julio 2009
Nos envuelve una sociedad en la que generalmente impera la necesidad de alcanzar las metas cuanto antes. El individuo trata de abarcar el mayor recorrido posible en el menor tiempo necesario. Esto sucede hasta el punto que uno olvida si es un aspecto positivo o negativo. En el fútbol, estoy seguro, las prisas no conducen habitualmente a buen puerto. A nadie le gusta llegar al tiempo de descuento en desventaja o con todo por decidir, pero tampoco es bien visto el juego directo desde el silbido inicial. En el terreno de las contrataciones sucede algo parecido, lo más prudente es configurar cuanto antes la plantilla , pero también es adecuado dejar huecos por si aparece a última hora una buena opción. Todo ello sin perder de vista que las prisas no son buenas consejeras y la paciencia es un ingrediente imprescindible cuando alguien se sienta a negociar con las partes interesadas.
El aficionado es impaciente por naturaleza porqué sabe que es totalmente incapaz de alterar los ritmos del fútbol, en el césped o en los despachos. Es un animal hambriento de rumores, novedades, desembolsos y presentaciones que alimenten su ilusión. Tanto que a menudo olvida que el trabajo que precede a una contratación es amplio. Existe un rastreo de mercado que bajo unos determinados parámetros concluyen con unos nombres concretos, que más tarde pasan por el filtro del perfil humano. Finalmente, claro está, nadie quiere pagar un precio superior al valor real de un futbolista. El aficionado quiere rapidez, ligereza, celeridad, y no dudo que la dirección deportiva y la directiva también estarían encantados de cerrar tratos lo más pronto posible. Pero estamos hablando del Sevilla Fc. Hay que fichar superclases a precio, casi, de clase media. No existe la posibilidad de hacer un gran desembolso, ni tampoco de liarse la manta a la cabeza y tirar de visa perdiendo la paciencia. Los pasos deben darse sobre terreno firme y seguro y sólo se debe morder a la presa cuando hay vía libre y tenemos la espalda cubierta. Mientras, se juega al despiste, se echan cientos de anzuelos al aire y a la vez que los medios investigan en esa dirección, se negocia en otra.
Acertar en los fichajes es un arte, y como arte exige dedicación, paciencia y talento, sin embargo, clavarla, en todos los sentidos, es algo que está al alcance de muy pocos.
Sergi Victorio



