por Carlos Refolio | 30 Junio 2009

Un año más, la temporada de nuestro Sevilla ha sido todo un éxito. No sólo en el primer equipo. Aquellos que sueñan con formar parte de él algún día también han firmado campañas que quedarán para el recuerdo. Desde los benjamines de Chao y Acosta hasta el Sevilla C. Lo del Sevilla Atlético es otro cantar y estoy seguro de que volveremos a disfrutar con nuestro filial el curso que viene.
Pero entre todos, hay que destacar por fuerza a uno de nuestros equipos. Hablo del División de Honor Juvenil. Un conjunto que hace un par de días se ha proclamado campeón de Copa del Rey por segundo año consecutivo. Se dice pronto, pero hacer eso es muy difícil. Dificilísimo. Y lo hemos conseguido. Del año pasado quedaban Antonio David, Morales, Melo, Salva y Rodri. El resto, debutantes en la categoría, que también fueron campeones en Liga Nacional, que también tenían calidad de sobra para demostrar que lo hecho el año pasado se podía igualar.
Es normal que en los equipos de la cantera sevillista haya excelentes jugadores año tras año. Para eso se trabaja mucho y muy bien desde la coordinación de Pablo Blanco. Por lo tanto, buenos mimbres se va a tener casi siempre. Es por ello, que cuando se repite un triunfo tan importante en tan corto espacio de tiempo, hay que mirar más allá de los chavales.
En el banquillo del División de Honor se ha sentado estas tres últimas temporadas un señor entrenador. Dicho esto, no es casualidad que las dos últimas Copas del Rey Juvenil hayan viajado hasta nuestras vitrinas. Ramón Tejada es un trabajador incansable, un currante de este bendito deporte que le tiene enamorado. Un técnico perseverante, permeable, dispuesto a aprender de los errores, autocrítico y metódico. Un ‘enfermo’ que controla todos los datos, todas las estadísticas, todos los rivales, hasta el más nimio de los detalles… con su puntito supersticioso, pero consciente de que el único secreto para alcanzar la gloria es el trabajo constante. Un profesional como la copa de un pino, siempre dispuesto a atenderte, a explicarte, a seguir regateando minutos a su preciosa familia para coger el teléfono y entrar en la radio, acudir a la tele, lo que haga falta…
Detrás de todo gran entrenador suele haber un gran cuerpo técnico. En nuestro caso es así. Ramón Quintana realiza un trabajo encomiable más allá incluso de su parcela, la preparación física. Es un todoterreno, vale por cuatro. Es entrenador, preparador físico, psicólogo, utillero y si hace falta, hasta delegado. Una de esas personas a las que hace falta conocer muy poquito para darse cuenta de que disfruta con lo que hace, de que ha nacido para esto del deporte. La ‘media naranja’ de Tejada, como dicen ellos.
Por si fuera poco, este año se ha unido al grupo otro complemento perfecto. Jesús Galván, aquel autor del 3-3 en Heliópolis, que ahora sueña con ser entrenador y que ha aportado a los jugadores su experiencia como exfutbolista de élite. Galván es de los que muerde por los suyos, sólo hay que verlo en el banquillo. Además, ha conectado de manera sensacional con los chavales, que tienen en él un referente de cómo hacer las cosas para llegar a ser jugador del primer equipo. Hacía falta alguien como él para completar el trío de ases.
El cuarto as es Enrique Arroyo, psicólogo del equipo. Una función mucho más importante de lo que cualquiera pueda imaginarse, más si cabe cuando hablamos de gente joven, de dieciséis a dieciocho años, que comienzan a creer que pueden ser futbolistas de verdad. Hay que saber plantarles los pies en el suelo y saber encauzar toda esa energía desmedida para fines positivos.
Por no dejarme a nadie en el tintero, hay que reconocer la labor de José Carlos Ortega, fisioterapeuta, de Pepe Díaz, utillero, y Jesús Molina, delegado. Y el gran Pucho, que también ha puesto su granito de arena. Todos han aportado para que el equipo haya funcionado como funciona.
Es difícil, muy difícil, que profesionales de esta valía puedan ser todavía, si cabe, mejores personas. Ellos lo son.
Por eso, ahora que se nos llena la boca con elogios hacia Luis Alberto, Rodri, Iván, Salva, Luna, Morales, Dani Jiménez, Hugo, Juan Guerra, Boris, Gordillo, Mario, Francis, Melo, Alejandro, Alfaro, Antonio David, Fernández, Iván Casas, Manu, Chipi, Morilla, Jairo, Antonio, Álvaro, Fran Arenas, Juanan, Borja… no nos podemos olvidar de ellos, de los que llevan la batuta desde fuera del campo, los artesanos del futbolista, los forjadores de campeones.
A todos, cuerpo técnico y futbolistas, felicidades y gracias, de corazón, por seguir haciendo a nuestro Sevilla cada día un poquito más grande.
Carlos Refolio



