por Javier Cabrera | 30 Junio 2009
Viene incrustado en nuestro himno centenario, ese que engendrara para la historia el irrepetible Javier Labandón “El Arrebato”. Le sigue aquello de. . .”y el arte de su fútbol no tiene rival”.
Filosofía sevillista cantada al mundo, incrustada en nuestro espíritu y llevada a cabo por los nuestros en cada envite deportivo.
Filosofía aplicada al pie de la letra por nuestros Juveniles de División de Honor, esos Juveniles de oro que participaron en el último encuentro disputado, ese que nos hizo emocionarnos de nuevo al levantar el sábado 27 de Junio de 2009 un nuevo trofeo para nuestras vitrinas, la Copa de Su Majestad El Rey correspondiente a la temporada 2008-2009. “Un remake” de lo que conseguían un año antes por estas fechas, no los mismos jugadores – quedaban algunos-, pero sí con el mismo espíritu, el mismo afán, el mismo sentimiento, la misma idea, la misma filosofía.
Seguramente, si esa final agónica, ante los cachorros de león del Atletic Club de Bilbao hubiese sido otra, el titular sería diferente. Pero, tal y como se dio esta, se refleja a la perfección el espíritu del sentimiento rojiblanco de Nervión -que no rojiblanco del Nervión-.
Se nos iba el partido de forma injusta. Los jóvenes “gudaris deportivos vascos” no habían sido mejores que los “pretorianos sevillistas” en el patatal del López Cuenca de Nerja. Por cierto. ¿De quién la idea de asignar la final copera a un estadio de atletismo?, ¿había que pagar alguna cuota político deportiva con la federación Andaluza de Atletismo (el “campito” lleva el nombre del máximo mandatario del atletismo andaluz), o con la Federación Andaluza de Fútbol?, ¿de quién la designación de un muy mediocre colegiado de Segunda División B castellano-manchego, para dirigir el encuentro, un encuentro que se preveía racial y con un título en juego?.
Preguntas en el aire que el lector, siempre sabio, sabrá responderse, o al menos, imaginar.
Retomando el hilo de los acontecimientos. Se nos iba el partido y las ilusiones de tantos y tantos sevillistas. Presentes y ausentes, -estos enganchados a través de nuestra radio y la televisión autonómica-, que, por cierto, y por el tratamiento que nos dan, no es la mía.
Se frustraba el sueño de tantos sevillistas “comprometidos” en los últimos tiempos a la causa canterana, gracias a las gestas de estos chicos y a la difusión que de las mismas habían realizado previamente los medios oficiales de la entidad, cantando y contando sus grandezas a lo largo y ancho de una temporada espectacular, quedando una vez más, y van muchas, la importancia de tener medios propios para conocer al detalle todo lo que en sevillista interesa conocer, sin depender de las “migajas que te quieran dar otros medios, la mayoría manipulados.
Esos, los que nunca se rinden, esperaron a que faltasen veinte segundos para que finalizase el tiempo de alargue de partido, para hacer estallar de gozo las esperanzas sevillistas. Tenía que ser, quien si no, ese delantero, autentico depredador que responde al “nombre artístico” de RODRI.
Rodri-Gol nos dio el tanto de la esperanza, el que nos metía en la prórroga con media hora para intentar la gesta.
Se habían cambiado los papeles. Si hasta entonces, siempre con el marcador de cara los chicarrones del norte habían andado especulando con el partido y no dejando maniobrar a los nuestros (hay que reconocer que el encuentro no fue ninguna exquisitez), a partir de la prórroga, aquel era otro partido. Y bien que lo asumieron los “pretorianos de Nervión”. Tuvieron el balón y buscaron voltear el score” para nosotros.
Y lo consiguieron. ¿Y lo hizo? Quien si no, RODRI, en un pase magistral -, otro mas-, ¿Cuántos has dado a lo largo de la temporada?, de ese niño con futbol de seda llamado LUIS ALBERTO.
El Sevilla ganaba. Se acariciaba la Copa. Pero tocaba sufrir. Y mucho. La expulsión rigurosísima de BORIS en un saque de banda nos dejaba en inferioridad y había que tirar de casta, coraje y oficio, para “quemar” el tiempo. Casi quince minutos eternos. Los, que para quien esto escribe, fueron más largos de la historia del fútbol. El Bilbao, lógicamente, quemando sus naves y apelando a la heroica. Y ahí surge la figura inconmensurable de DANI, DANI JIMENEZ, ese portero al que besábamos en la distancia, cada vez que atrapaba un balón que parecía que se colaba.
Y el final. Y esa comunión equipo-afición (antes nunca vista en otros partidos que uno recuerde), tanto en la consecución de los goles como en la celebración.
No sería justo personalizar. Ni en Rodri, ni en Luis Alberto, ni en Dani Jiménez. El trabajo stajanovista de todos y cada uno de los que saltaron al erial de Nerja, así como los que estuvieron en el banco son participes de la gesta. Todos merecen ese calificativo. Lo mismo que lo merecen nuestros cadetes que, veinticuatro horas antes se adjudicaron la victoria en el prestigiado torneo internacional de Extremadura, “volcando” a equipos como Madrid, Juventus, Sporting de Lisboa y otros. Otros que “nunca se rinden”. O los benjamines, firmando triunfos ante los mejores equipos del continente.
Son nuestros canteranos de oro. Esos que, cuando se enfundan la sacrosanta camiseta con el escudo de nuestro SEVILLA F.C. en el pecho, se convierten en los “Pretorianos de Nervión”.
Esos que. . . .!!! NUNCA SE RINDEN ¡¡¡
Javier Cabrera



