por Javier Cabrera | 25 Junio 2009

Todo el mundo. O casi sabe que es una “estrella futbolística”.
No todos, quizá sepan que es una nebulosa.
Si nos atenemos a la Wikipedia “Las nebulosas son regiones del medio interestelar constituidas por gases (principalmente hidrógeno y helio) y polvo. Tienen una importancia cosmológica notable porque son los lugares donde nacen las estrellas por fenómenos de condensación y agregación de la materia, aunque en otras ocasiones se tratan de los restos de una estrella que ha muerto.” -transcripción literal-.
Viene esto a cuento de una duda existencial que tengo, y que someto a la consideración de aquellas personas que tenga la osadía o paciencia de leerme.
Me refiero al concepto futbolístico que de nuestro joven jugador Lucas Ezequiel Trecarichi Loiáquano, jugador del año 91 formado en River Plate -Argentina-, hasta los 13 años, en que el Leganés le hace un contrato con cláusula de rescisión de 3 millones de euros -que barbaridad, no? -.
En 2007, con 16 años, recala, con contrato, en el Sevilla F.C., – no me pregunten en que condiciones, porque las desconozco-.
Sobre el jugador, se crean unas expectativas que, a día de hoy, y según mi muy discutible opinión, no se han cumplido, ni muchísimo menos.
Me explico. La licencia que te da ese “técnico” que todos los que no lo somos -porque no hemos estudiado para eso-, llevamos dentro, me dice que se precipitaron los acontecimientos, al colocar al joven argentino en un equipo, el Sevilla Atlético, poco acorde con sus posibilidades reales, no ya de triunfo, sino de explotar en esa gran figura mundial para la que, decían los muy entendidos, -incluidos agentes cercanos y con intereses en el futbolista-, en la materia, estaba llamado.
A Lucas Trecarichi le vino muy grande la 2ª División española. Raras veces se da que un jugador tan joven, de un salto cualitativo tan grande, como, por ejemplo, de jugar en el “Lega” -con respetos-, a hacerlo en el Sevilla F.C., donde la calidad de casi todos sus integrantes, “casi” tan jóvenes como él ha rayado a gran altura -me olvido de resultados de la última temporada-. Excepciones las ha habido en el Sevilla: Ricardo Serna, Sergio Ramos, Reyes. . Pero muy pocos más.
En otro orden de cosas, y sin perder el hilo del tema, no entendí muy bien, -a pesar de ser jugador del equipo de mis sentimientos-, el porqué fue convocado por el seleccionador argentino para disputar el prestigioso torneo te Toulon (Francia), el pasado mes, junto a Diego Perotti -caso opuesto, por cierto al de nuestro protagonista-, cuya explosión, esta pasada temporada con el primer plantel del tercer equipo de la liga mas importante del mundo, la española, justificaban con creces su convocatoria.
Trecarichi, al que me atrevo a definir como jugador con poco físico -ya se que me dirán que el genio Navas tampoco lo tiene, pero aquí, créanme, la comparación es odiosa-. Con buen desplazamiento de balón y “normalito” en el “uno contra uno” -no olvidemos que hablamos de un jugador que viene de Argentina y con la fama que le precede-. No va bien de cabeza y le falta “dureza”, física y mental, para pelearse con jugadores de mucha mayor envergadura a la suya. Con poco gol y que no se ha ganado la confianza de los entrenadores que le han tenido a sus órdenes para disfrutar de titularidad continada, ni casi de “calentador de banquillo”. Esta modesta opinión es compartida con personas de contrastada sapiencia futbolística, y ello, quizá me ha animado a “mojarme” en esta descripción, a lo mejor no excesivamente acertada.
En la modesta opinión de quien esto escribe, al jugador le perjudicaron quienes tanto ensalzaron sus cualidades cuando apenas empezaban a salirle los pelillos del bigote, endiosándole de una forma exagerada y colocándole la vitola del posible sucesor de un tal Maradona, o algo así.
Técnicos tiene la iglesia como para que un servidor, (simple asistente a la misa futbolística), tenga que decir cuando o en que equipo debe jugar este o aquel jugador. Válgame Dios. Simplemente observando y viendo comportamientos se desprende que al jugador le ha faltado “madurar”, por ejemplo, en un División de Honor. Pero claro, viniendo de River y estando recomendado por los “agentes” que lo han hecho, ¿Quién era el guapo que le ponía ese cascabel a ese gato de colocarlo en una categoría inferior?.
Si a esto le añadimos que el jugador, después de participar en algún encuentro -con un golito, es cierto-, en el torneo francés, va y se “descuelga” con unas declaraciones en las que EXIGE participar con el primer equipo de nuestra entidad, o si no, amenaza con marcharse, demostrando falta de humildad y cierta prepotencia, es lo que termina de “descolocar” a este escribano en cuanto a sus posibilidades futuras en nuestro entramado futbolístico.
Pero, ojo. Que nadie piense que, con lo que escribimos estamos dejando por sentado que el futbolista es un “fiasco”. Ni mucho menos. Tiene 18 años y a esa edad se tiene un margen de mejora amplísimo.
Nos referimos en lo que, a día de hoy nos da para reflexionar este jugador.
Y llegado a este punto, usted se preguntará ¿ bueno, y que hacemos con él? Ahí si que le digo que en el staff técnico de nuestra sociedad hay cualificados profesionales que, a buen seguro sabrán que hacer en cuanto al futuro del jugador.
Lucas Trecarichi, ¿estrella o. . .nebulosa?. Saque usted, sin dejarse influenciar por lo que ha leído, sus propias conclusiones.
Javier Cabrera



