Este bendito sentimiento

por Francisco Borrego | 25 Junio 2009

La memoria, enigmática e intransferible, compañera inseparable de días de gloria y de penuria, sobrelleva por encima de cada cual, con orgullo, el título de muy noble e invicta. Como si de la ciudad, de la que coge el nombre el club más laureado del sur de España, se tratara; absorbe en sus arterias lo más granado y personal de cada uno: aquello que nos identifica, e igualmente bloquea la entrada a lo extraño que a veces pretende instalarse para sobrevivir en lugar ajeno.

La memoria retorna al pasado del ser humano y busca entre la distancia un punto de encuentro; como si de un misterioso puente se tratara, extiende su calzada para que podamos reconocer aquello que en otro momento tanto nos reconfortó. Suele parecerse al sueño que traspasa la frontera de lo real y procura, siempre minuciosamente, establecer parámetros de existencia para que el recuerdo la garantice en un ejercicio de vívida conciencia.

La memoria, esa enigmática compañera, me traslada hoy a la vivencia de este sentimiento que llevo tan adentro y que en estas Columnas Blancas, solemos darle consistencia cada uno como puede, como sabe, o como quiere. No recuerdo, a ciencia cierta, como empezó todo; los científicos hablan de que ya nacemos con genes que se transmiten de padres a hijos. De ser así, mi abuelo, paterno y materno, eran sevillistas, mi padre, a quien hoy me parezco mucho, alardeaba de su sevillismo más allá de la locura. Su talibanismo, expresión muy actual, lo encaminaba hacia un Estadio inconcluso cuyos muñones, impregnados con la sangre de la injusticia y el abandono de los que nunca nos ayudaron, resplandecían en cada partido. De mi padre absorbí, en aquellas tardes, lo que soy por este sentimiento. Recuerdo hoy la primera alineación de mi Sevilla, FC, la que nunca se olvida, la que llevas a la tumba para que en la frialdad de la eterna noche te haga compañía: Rodri, Chacón, Catalán, Hita, Blanco, Costas, Lora, Fleitas, Acosta, Pazos y Sanjosé. ¿Por qué recuerdo ésta combinación y no otra? No sabría decirlo, quizás estuvo enmarcada en la pared de mi habitación y por eso la eternicé. Cada sevillista tiene una, y esa, como dijo acertadamente el maestro Barbéito, se establece en tu memoria antes que los hijos de Jacob.

El recuerdo me lleva por raíles interminables hacia un Madrid en donde se sacralizó y confirmó mi sentimiento sevillista; y es que en la lejanía se valora mucho más aquello que dejamos, aflora, más si cabe, lo que somos, lo que sentimos. Memorizo un partido en Chamartín, Real Madrid-Sevilla, el mismo que recuerda nuestro presidente por la celebre frase, hoy cumplida, a su padre: “No te apures, cuando sea presidente, haré al Sevilla, FC campeón” En ese encuentro estaba yo, en las alturas de un graderío de fondo flanqueado por las torres de Pegaso. Mi Sevilla en la solapa y mi desesperación por el descenso a segunda. Aunque luego vinieran otros, aquel fue especial, porque, al retornar al colegio donde residía, sufrí en mis carnes las amargas aristas de la rivalidad. Nació en mí un odio visceral por ciertos colores que hoy se acrecienta con la experiencia que dan los años. No, no hubo espíritu Puerta entonces, como anteriormente no lo hubo con Berruezo. Son falacias aprovechadas por algunos mercenarios de la pluma y del micrófono para garantizar su patética vida laboral.

He aprendido con los años que la memoria premia el acierto en las decisiones que se toman, que cuando ella nos lleva por el camino recto, los frutos, tarde o temprano, se recogen. En este sentido tengo a bien enorgullecerme de que mi hijo Jesús Creations sea mi futura generación y que contribuya a engrandecer este sentimiento, aportándole las vivencias que transmiten imágenes que compone acariciadas de un celestial y oportuno sonido que las hace trasladarse por inimitables senderos de gloria. Los genes se transmiten, los sentimientos también, de generación en generación.

Os reemplazo para posterior ocasión donde contaros alguna que otra experiencia que guardo como oro en paño en lugares recónditos e insospechados de la memoria, no quiero cansaros en demasía. Tan sólo terminar apuntando que aquel chiquillo, flequillos al viento, con ilusiones y ganas de comerse el mundo cuando empezó a soñar con el Sevilla, FC, hoy, en la cincuentena de sus años, cuando ya pocas cosas ilusionan por haber sido prostituidas por realidades engañosas e interesadas que alimentaron el penoso sendero de la frustración, siente que una de las cosas que merecieron la pena fue el haber tenido unos progenitores que le enseñaron a gritar con fuerza y a los cuatro vientos: VIVA EL SEVILLA, F.C.

Francisco Borrego

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