El orden de los factores

por José Manuel Ariza | 24 Junio 2009

A pesar de lo que lo que propone Niels Henrik Abel y su grupo conmutativo, el orden de los factores si altera el producto y contraviniendo las leyes de las Matemáticas, el grupo abeliano no es aplicable en según qué funciones. Pongamos un ejemplo:

Denominamos al Sevilla FC como factor A.

Al Betis, factor B.

Según Abel, si A.B = B.A, resultaría que el Sevilla por el Betis es lo mismo que el Betis por el Sevilla. Y eso no solo no es verdad sino que se trata de una aberración, de un absurdo.

El factor A está el Primera División, Liga BBVA y disputará la Copa del Rey y la Champions la próxima temporada.

El factor B está en Segunda División, Liga Adelante y jugará la Copa del Rey.

Los elementos que intervienen en la ecuación no son homogéneos -salvo en uno- y por tanto, no cumplen la propiedad homomorfista necesaria “si y solo si”, es decir sí o sí.

La naturaleza, la categoría de los objetos son determinantes y las estructuras deben ser compatibles, lo que no es el caso -como se puede observar fácilmente- y por ello afectan a la propiedad intrínseca de la ecuación misma.

Si pretendemos, no obstante lo anterior, acogernos a otra disciplina -digamos la… Filosofía- para tratar de superar la ofuscación, tendríamos que acudir sin remedio a la escuela cínica y a Diógenes de Sinope.

Desde ésa perspectiva, conviene pedir al rey Alejandro que se aparte que nos tapa el sol. Y aunque eso procure no pocas risas y burlas de los cortesanos, el propio conquistador querrá ser como el filósofo. Aunque solo lo piense y no lo manifieste en público.

Desactivada ésta opción, podríamos recurrir a la Medicina donde con un sencillo diagnóstico de primer año, podremos detectar distintas masas óseas y musculares y diferentes morfologías, siempre con el Factor A como predominante. El desarrollo físico/intelectual aventajado del primer elemento resulta tan evidente y llamativo que se postula para una tesis.

No obstante, siendo que ambos sujetos se configuran linfáticamente de igual forma y que el riego sanguíneo está integrado de los mismos glóbulos rojos y blancos, el factor B presenta deterioros posteriores que empobrecen la mezcla. En éste factor se ha detectado un proceso infecto/contagioso que ataca a los glóbulos rojos, exclusivamente, sin que los blancos logren imponerse, lo que induce a pensar en un grado avanzado de anemia con importantes descensos de los índices de la masa eritrocitaria.

Aún nos quedan opciones. Intentémoslo con… la Psicología. Sometidos ambos sujetos a un elemental test de la Gestalt, se obtienen resultados perceptivos divergentes: los canales sensoriales que determina la memoria -pensamiento, inteligencia y resolución de los problemas-, no se corresponden en el orden y la configuración de los elementos primaros. Ni de los secundarios.

Necesariamente la consecución de objetivos se establece en función de las metas. Las expectativas aparecen tan diferenciadas que resultaría imposible encontrar similitudes.

¿Debemos abandonar? Pues quizás no y tal vez deberíamos probar con la Arquitectura. En ambos casos, también, se observan elementos opuestos: la cimentación, las estructuras y las formas presentan notorias desigualdades y disimilitudes.

El Factor A es un edificio notable por su perfil y sus prestaciones. Elemento acabado, está, no obstante, en proceso de remodelación que ampliará su capacidad, funciones y determinará una estética sobresaliente.

El Factor B, inacabado, aún subsiste en estado de proyecto y no se vislumbran fechas de finalización a corto plazo puesto que las circunstancias particulares en que anda inmerso, aconsejan un drástico recorte en los presupuestos de la obra.

Se nos agotan las opciones.

Me aconsejan adentrarnos en disciplinas tales que Historia, Economía, Oratoria, Demagogia… pero análisis superficiales también muestran la supremacía del Factor A desde cualquier óptica, por lo que nos ahorraremos tiempo a nosotros mismos y a los lectores.

Concluimos, por tanto, reafirmando el valor de los factores y su correcta expresión dentro de un grupo abeliano si pretendemos superar los exámenes.

José Manuel Ariza

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