por J. Félix Machuca | 23 Junio 2009

Aparece Fabiano, por mor de sus goles ante Italia, como la revelación goleadora del verano y los mercaderes del rumor, atentos al ruido, empiezan a colocarlo aquí, allí y hasta vendiendo carne de reno en Ikea. Lo colocan en cualquier sitio.
Como si en Nervión no hubiera espacio para los grandes.
El Sevilla tiene motivos sobrados para hacer fiesta grande por dos dorsales. Uno el de Fabiano, rescatado para la vida deportiva por un Sevilla que sabe que un jugador es ante todo una persona; y el otro por un número 8 que ya es dorsal de leyenda: el de Juan Arza. Ambos tienen su sitio en el Sevilla.
Porque ambos forjan leyenda en nuestra historia.8 y 9. Ayer y hoy. Memoria y presente. Un mulato al que llaman Fabuloso. Y un estellíca más conocido por el Niño de oro.
El brasileño comienza a tejer esa leyenda en tiempo presente. Jugando en un equipo que lo consiguió rescatar de las lejanas neblinas de su difícil temperamento que, sin dudas, no lo llevaba a volver a ser el nueve indiscutible de la selección de Dunga. El navarro forjó su propia leyenda viva en un equipo donde lo fue todo: desde Pichichi a campeón de Copa; desde jugador a entrenador; desde entrenador a directivo.
Es don Juan Arza al equipo de Nervión lo que don Alfredo al Madrid y Charlton al Manchester. Uno de esos capítulos vivos de la historia ante la cual lo mínimo que hay que hacer al pasarlos es hincar la rodilla en señal de admiración, respeto y entrega.
Sabemos lo que puede costar el dorsal 9 brasileño que juega en el Sevilla. No estoy tan seguro lo que habría que pedir por un dorsal de leyenda como el de don Juan Arza. En cualquier caso ambos están en el Sevilla. Ese club que cada vez que honra a su pasado, el presente levanta la mano para decir que la historia continua.
J. Félix Machuca



