por Antonio Ramírez | 21 Junio 2009

Este artículo que les traigo, de rabiosa actualidad, apareció en la prensa en junio de 1922.
Ochenta y siete años después seguimos atrapados en el tiempo, porque llegados al solsticio de verano, quizá por efecto de las calores o por la ausencia de noticias deportivas que merezcan la pena, el periodismo en general y el sevillano en particular nos martillea constantemente con el manido carrusel de nombres, de fichajes y traspasos, al que año tras año nos tienen acostumbrados.
La falta de imaginación para el desarrollo de su labor periodística los ha enquistado en una vulgar monomanía, machacona e insaciable que aburre al más paciente de los aficionados.
Inventan historietas cada vez más fantásticas y alucinantes para cubrir espacios radiofónicos y rellenar columnas de prensa.
A veces más que espacios deportivos parecen programas del tarot, con bolas de cristal y echadores de cartas:
- ¿De que quieres la consulta? ¿sobre el amor? ; Umm, te sale pareja…
Decenas de nombre salen a la palestra con pelos y señales sobre los pormenores de las negociaciones y que seguro segurísimo que vendrá este o aquel jugador, contrastando sus afirmaciones y razonamientos con dobles y triples saltos mortales que hacen que la veracidad de la información sea incuestionable.
Ellos se montan sus películas copiándose los argumentos unos a otros, intentando impregnar la opinión de los aficionados con una capa asfáltica de indudable valor, pretendiendo en muchas ocasiones -aunque sin conseguirlo- la desestabilización de los equipos con la masiva salida de los componentes más valorados.
En realidad lo que hacen es escribir nombres en la orilla de la playa, muchos nombres, cada día varios nombres para nada, porque después sube la marea y todo queda borrado.
Recordemos el trasiego de entradas y salidas de jugadores al que el sevillismo ha sido sometido en los últimos años, desmantelando y formando de forma sucesiva equipos ante la mirada atónita de todos.
A veces aciertan con algún nombre, cosa nada extraña puesto que han comprado todas las papeletas de la rifa. El problema viene cuando a pesar de llevar todos los boletos fallan, que suele ser lo habitual.
Más les valdría salirse de ese circo estival donde entran cada año y empleen su tiempo en asuntos más provechosos; ¿qué tal en investigar un poco la historia?
Antonio Ramírez



