por Ángel Cervantes | 18 Junio 2009
Descansar con la satisfacción del deber cumplido es, debe serlo, la mejor recompensa del que se sabe en paz consigo mismo y con los demás. En estas vive el Sevilla FC, sumergido en un lento y plácido verano en el que no existe la prisa que, de ordinario, lleva al desmán. La única preocupación del sevillista fiel estriba en estas fechas en calcular cuántos números le va a ganar al carné de la próxima temporada. Y es que la antigüedad es grado supremo en la militancia de cualquier orden, máxime cuando la misma se aproxima cada vez más a la élite de los 1.500 primeros privilegiados.
Orgullos (más que legítimos, por otra parte) a un lado, lo cierto es que a fecha de hoy la sala de máquinas de la nave de Nervión sigue en perfecto estado de revista. Ya están en la calle las indumentarias para la próxima liga, ya lo están los abonos, con su campaña publicitaria previa, y, uno barrunta, ya deben estar más que claras las ideas para solventar el siempre esperado tema de las nuevas contrataciones de jugadores. Cuando queramos darnos cuenta, la plantilla estará confeccionada, los jugadores pasarán el preceptivo reconocimiento médico y la pretemporada, tan ilusionante, echará a andar un año más. Como si tal cosa, sin esfuerzo aparente, con la normalidad como pauta de conducta, con el trabajo perfectamente planificado y estructurado, con cada elemento bien definido en sus respectivas áreas de acción.
Así funciona el Sevilla FC; es imprescindible, otra vez, apelar al orgullo. Feliz verano.
Ángel Cervantes



