por Agustín Rodríguez | 18 Junio 2009

Parte del patio anda revuelto por no entender que es lo que ha pasado con Pablo Alfaro y el Sevilla. Yo voy a contar lo que yo imagino que ha podido pasar.Tengan en cuenta que es sólo mi opinión, que no tiene por que coincidir con lo que realmente haya pasado.
A Pablo Alfaro el sevillismo le tiene un cariño especial.
Como se lo tiene a Javi Navarro, nuestro último capitán.
O como se lo tiene a David, Martí o Aitor Ocio.
Hasta ahí todo correcto.
Estos jugadores han calado muy hondo en las entrañas de nuestra sociedad y esto es lógico, si tenemos en cuenta que todo influye y la magnifica trayectoria del equipo en las últimas temporadas alimentan más si cabe esa especial consideración a nuestros jugadores.
Es casi inevitable el que los aficionados sintamos más afecto por unos que por otros dependiendo de las circunstancias y de los momentos que vive el equipo.
Jugadores de inmenso calado en el corazón de los sevillistas fueron los Arza, Busto, Araujo, Ramoní, Diéguez, Campanal, Francisco, Álvarez, Montero, San José, Suker, Achucarro, Blanco, Ramón… unos por su entrega sin tregua en defensa de la camiseta y otros por el rendimiento que dieron en un determinado momento.
Todos estos lloraron vistiendo nuestros colores.
También los que se marcharon recientemente hicieron lo propio el día que tuvieron que decir “hasta luego”
Pablo Alfaro se le prometió un lugar en el Sevilla el día que colgara las botas.
Y se “inventó” un puesto como un traje a medida.
Pablo Alfaro no ha podido desarrollar a plena satisfacción el trabajo, por lo inconcreto de su contenido y llegado el final de temporada se da por concluido el compromiso, visto que no se han alcanzado las expectativas que motivó la creación de dicho puesto.
Siempre cabe la pregunta fácil, que puede hacerse en estos casos.
¿Está preparado Pablo Alfaro para asumir otro puesto distinto dentro del organigrama del Club?
Posiblemente sí.
Por ese motivo a Pablo Alfaro hay que decirle “hasta luego” y dejar funcionar al Consejo con el acierto que hasta ahora lo viene haciendo, en la seguridad de que nuestro “capitán” volverá a nuestra casa. Antes que después.
Agustín Rodríguez



