por Agustín Embuena | 18 Junio 2009
Verdea el césped del Sánchez Pizjuán y a sus puerteas, en las taquillas abiertas al efecto, se agolpan decenas de aficionados que acuden a la cita obligada de renovar su pase de temporada. Se nota en el ambiente una ilusión renovada por la posibilidad de estar con los grandes en Champions y a pesar de la crisis, son pocos los que dejarán pasar la oportunidad de presenciar los encuentros desde ese campo, que ha sido escenario de dramáticos desenlaces e importantes gestas.Vencidos los plazos ligueros, se continúa el ritual, se barajan rumores de fichajes con nombres imposibles que marcan más deseos que realidades. Radio Macuto hace su agosto en cada corrillo y todos presumen de un “contacto” infalible que les permite estar al día de las decisiones de la directiva.
Y es que haciendo bueno el símil agrícola, en el hecho de acudir a la ceremonia de renovación, hay mucho de labor de siembra. Atrás quedaron los malos momentos, las decisiones más o menos discutibles de los técnicos y el rendimiento de los jugadores.
Es mes de junio, en la calle Sevilla Fútbol Club. No importa el calor, ni las colas, ni el sudor que escribe humedales en cada rincón de nuestra piel. Lo que importa es que un año más, los que tienen la suerte de poder hacerlo, se arrogan el privilegio de ser abonados del que para nosotros siempre será el mejor equipo del mundo y se saben, no sin cierto regusto inconfesable, envidiados por muchos.
Dentro del campo, a ritmo de remozado y embellecimiento, se van preparando las instalaciones para lo que está por llegar. Es fácil adivinar las centenarias presencias de los que estuvieron y no están y con un mínimo esfuerzo, solo con aprestar un poco el oído, es posible percibir sicofonías de temporadas pasadas.
Otros tiempos, otras circunstancias, pero un solo sentimiento ,el rojo y blanco y una sola voz, la de un sevillismo fiel y leal a sus colores y conscientes de la inmensa fortuna que representa ser sevillista.
A golpe de estío, llegarán los nuevos fichajes y se irán con mayor o menor sentimiento los descartes. De nuevo los bolos de pretemporada y los trofeos de verano, al calor del “se dice, se cuenta” que a la par que los resultados, mantendrá vivas las tertulias y antes de que casi nos demos cuenta, un año más, sobre el verde tapiz del terreno de juego, volverán a escribirse crónicas de esfuerzo y espectáculo.
El sustrato que no es otro que una afición inmejorable está dispuesto, los abonos no han de faltar, solo cabe pues, esperar una buena cosecha.
Agustín Embuena



