por José Cadenas | 17 Junio 2009

Hoy en día la información se ha convertido en un instrumento de poder; ha sido capaz de atraer la opinión de la sociedad influyendo en ella de una manera voraz, un elemento de manipulación a través del que se defienden diversas posturas e ideologías, un elemento que incide en nuestra manera de pensar inconscientemente.
Tras el poder ejecutivo, el legislativo y el judicial se encuentra el cuarto poder: La información, en manos de unos pocos privilegiados, que tiene como supuesta finalidad informar y busca teóricamente como objetivo que esa información llegue a la sociedad.
El problema es cómo se elabora, cómo llega y sobre todo cómo nos la hacen llegar. Tal y como ilustra la imagen al principio de este artículo, cada vez más ocurre que no interesa a muchos grupos de poder que el periodista, el informador, tenga ideas propias sino que todo está sujeto a unos parámetros censores bajo modelos de información ya programados. Desde arriba se dicta lo que hay que decir e incluso cómo hay que transmitirlo, de manera que el informador solamente debe plasmar la idea “programada” en papel o soporte informático dejándosele tan solo la misión de redactarlo con una correcta ortografía y sintaxis. En otras palabras, el supuesto informador sólo tiene que imprimir el negro sobre el blanco o en el caso del comunicador oral ceñirse a la idea marcada desde la parte alta de la pirámide.
El único margen de libertad que le queda, por tanto, al último transmisor de la información es “rebelarse” y dar su versión personal pero, eso sí, bajo el riesgo de ser “decapitado” y vagar solo por el desierto.
Gracias a las estructuras creadas en este nuevo modelo de entidad, el Sevilla FC, iniciadas allá por el año 2002 por José María del Nido, tenemos la suerte o quizá debiera decir que tenemos el saber (por aquello de que “al saber le llaman suerte”) de contar con un elenco maravilloso de periodistas sevillistas libres que, al serlo en su sentido personal, informan y forman libremente al Sevillismo y precisamente por ello son la envidia de muchos otros informadores o desinformadores presos y cautivos de algún “ser superior”, cuando no de ellos mismos.
Los medios de comunicación cada vez menos aparecen como un cuarto poder sino más bien como un instrumento de manipulación por parte del poder real.
Respecto a la intromisión de la política, el estado y los intereses económicos en la prensa yo diría que, una vez que en los espacios de la prensa se introduce la fuerza del poder político y económico (característica de las sociedades que transitan en sentido contrario a la libertad) es solamente cuestión de intereses si ésta (la sociedad) y aquélla (la prensa) apoyará la verdad o la mentira.
José Cadenas



