Maresca, la esencia de un ciclo

por Enrique Ballesteros | 16 Junio 2009

Comentaba Julio Maldonado, el especialista en fútbol internacional de la Cadena SER, antes del encuentro que el mejor equipo del Sur de España tenía que librar en Eindhoven contra el Middlesbrough, con motivo de la antológica y añorada primera Copa de la UEFA, que el Sevilla era claramente favorito por su superioridad en el centro del campo. Al archiconocido comentarista le fascinaba Enzo Maresca, incluso llegó a declarar que “si exceptuamos a Pirlo, en Italia no hay otro centrocampista que puede tener más criterio con el balón en los pies que Maresca” por lo que, para él, podía ser un candidato firme a ser convocado para el Mundial que se avecinaba en Alemania, donde por cierto la selección azzurra se proclamó campeona del mundo.Cualquier sevillista que pueda leer esto podrá alucinar dado el rendimiento del futbolista de Salerno en esta última temporada. Hecho por el cual, en estos días, se le está buscando una buena salida, forzada tanto por el club como por el propio futbolista. Con casi plena seguridad, Enzo Maresca ya no defenderá más el escudo del Sevilla. Lo cierto es que la situación se volvió insostenible, y quizás sea la solución más idónea. ¿Qué ha pasado en este tiempo?

Los cinco títulos conseguidos de forma brillante a lo largo de los años 2006 y 2007 han acostumbrado a unos aficionados que, de forma natural, se han vuelto exigentes. Aunque la entidad sigue en la élite, los resultados en forma de conquistas no han llegado. No han llegado como nunca llegaron 60 años antes de esta gloriosa etapa. Pero eso es otro problema. La verdad es que se piden explicaciones. Al presidente se le requiere corresponder por los altos precios, al director técnico se le pide que siga teniendo buen ojo, y al entrenador que no toque lo que estaba bien construido. Pero los jugadores no se libran de la quema, y a falta de grandes citas, deben cumplimentar los requisitos mínimos de entrega, talento, trabajo y regularidad. Y en esto último falla Enzo Maresca. Característica por la cual suele paliar todas las demás.

Al transalpino se le fichó y se le esperó dentro del salto de calidad de una plantilla habituada a luchar por la sempiterna clasificación uefera. Deslumbró por sus aproximaciones al área y por su buen disparo de media distancia. Bien acompañado no tardó en hacerse un hueco en el once del nuevo entrenador Juande Ramos. Sin embargo, empezó a destacar por detalles puntuales. Esos detalles que le hicieron grande. Esos detalles que le han defenestrado.

Por ejemplo, asumió el rol de tirar los penaltis en una época donde no teníamos fortuna desde los once metros. Esta pincelada le acercó a los altares de la vanagloria al convertir el máximo castigo que otorgó la victoria nervionense sobre nuestro eterno rival, el Betis, en un derby donde vencimos por ese gol y que pasará a los anales por jugar con dos futbolistas menos. La temporada fue transcurriendo y Enzo Maresca cumplía expectativas sin tampoco grandes alardes. Como bien decimos, siempre será recordado por hechos puntuales, acciones que le valieron el sobrenombre de “Il Capo”. No me olvido tampoco de la espectacular asistencia a Saviola en aquellos, ya históricos, cuartos de final contra el Zenit de San Petersburgo en el Ramón Sánchez Pizjuán. La campaña 2005/2006 iba viento en popa, Maresca seguía lanzando con acierto los penaltis, salvó un punto in extremis contra el Zaragoza en la Bombonera, el Sevilla se acercaba a los puestos Champions y, lo más importante, se encaminaba a sellar su actuación europea más prestigiosa.

Continuamos escuchando la Cadena SER y Paco González, el director del Carrusel Deportivo, después de que el mejor equipo del Sur de España lograra golear a los ingleses por 4-0, felicitaba al susodicho Julio Maldonado por haber acertado, puesto que Enzo Maresca no solo marcó dos goles importantísimos para consolidar la goleada y llevar la tranquilidad a los corazones rojiblancos, sino que también fue proclamado mejor futbolista de la final. Il Capo pasó a ser el ídolo de todo el sevillismo.

Enzo Maresca siguió igual. En la Supercopa de Europa logró el tercer gol, de penalti, que sentenciaba al Barcelona de las siete copas. En el mágico año 2006/2007 tuvo un duro competidor en el recién fichado Christian Poulsen. El de Salerno fue relegado al banquillo, pero peleó, quiso ganarse un hueco en aquel conjunto “Top Class” que no paraba de imponerse en todas las competiciones. Y a fe que lo consiguió, tanto en la medular como en la zona derecha de la parcela ancha. En ella volvió a dejar muestras de su calidad con dos golazos tan soberbios como formidables. Uno, en el trascendental partido del Santiago Bernabeu donde nos jugábamos la liga, y otro contra el Recreativo de Huelva al fin de semana siguiente. De menos a más, su papel se volvió cada vez más fundamental, y se ganó a pulso la titularidad en Glasgow, final en la que volvió a participar. También contribuyó en la final de la copa del rey en Madrid, al igual que llevó el timón en la inolvidable vuelta de la Supercopa de España, de nuevo en el Santiago Bernabeu, donde el entonces mejor equipo del mundo superó al Real Madrid por un espectacular 3-5 en uno de los máximos alardes de fútbol ofensivo que se ha visto en este país. Enzo Maresca tuvo mucha culpa de ello.

Como se puede comprobar, Enzo Maresca participó en todas las finales contribuyendo en todas ellas a la consecución de su respectivo título. Las vacas gordas finalizaron. Y eso que el centro del campo no dejó de reforzarse. Keita recalaba en el Sevilla para apuntalar una zona del terreno de juego muy potente de cara a la participación en la Liga de Campeones. De nuevo, el italiano volvía a tener competencia, pero seguía ahí, contando para el entrenador hasta que una inoportuna lesión de rodilla se cruzó en su camino en un partidazo suyo contra el Espanyol donde se multiplicó al estar el Sevilla con un hombre menos. Fue quizás su principio del fin.

Los acontecimientos se precipitaron. Antonio Puerta nos abandonó, Daniel Alves se negaba a jugar queriendo forzar su salida y, poco después, Juande Ramos cogía las maletas de forma ruin por la parte de atrás. El Sevilla perdió muchos puntos en la primera parte de la liga, y tenía que remar si quería repetir experiencia en la Champions League al año siguiente. Justamente Il Capo se recuperó para la remontada. Empezando por su colaboración en el gol del polémico gol de Chevanton ante Osasuna, él se hizo dueño y señor de la creatividad hispalense, con unas inolvidables lecciones de fútbol como los vistos los días del Zaragoza, Montjuïc o el Barcelona en liga. Iba a ser curiosamente desde el punto de penalti donde erraría su intento en la tanda en la que el Fenerbahce en octavos de final nos eliminaría de la máxima competición continental, en otro, por cierto, gran partido de Maresca. No obstante, su carácter ganador, astuto y pícaro se le volvió en su contra en el trascendental encuentro frente al Atlético de Madrid. En su afán de sacar de quicio a la estrella rojiblanca Agüero, el entonces 25 sevillista agredió al argentino, el Sevilla perdió el choque y la plaza Champions (por el goal-average particular con respecto a los colchoneros).

Manolo Jiménez, no obstante, contaba con Maresca para la 2008/2009. Al mediocentro se le abrieron las puertas, tras los adioses de Poulsen, Keita o Martí. Llegaban Romaric o Duscher, y nacía la esperanza de Fazio. Pero sin dudarlo, el del Arahal le entregó el timón a Il Capo. La posesión del balón era la obsesión del entrenador y, quien mejor que Maresca para retenerlo. A las primeras de cambio, el italiano se echó el equipo a las espaldas, con gol incluido, contra el Sporting de Gijón en una contienda que el Sevilla perdía 1-3; sin embargo, y aunque se consumó su renovación, con el paso de las jornadas su papel protagonista se fue diluyendo, de tal modo que su estilo de juego de dar la media vuelta hacia atrás (que recordaba a Casquero) fue blanco de las críticas por parte de la afición, que se aburría con lo exhibido por parte del conjunto en general.

Su simpatía con la afición concluyó cuando se dirigió al respetable en un intrascendente cuarto gol ante la Ponferradina en la sentenciada primera eliminatoria de la Copa del Rey. A partir de ahí, se cavó su propia tumba. Ya nada importaba. Cuando antes se respetaba su calidad dejando a un lado su despliegue físico, después se le otorgó importancia a su “trote cochinero” sin importar las asistencias. Cuando antes era aplausos, después fueron silbidos. Además, se dio la curiosa circunstancia que, en Riazor, en una expulsión injusta, sin él el mejor equipo del Sur de España remontó un envite que se antojaba, en esos instantes, primordial para el devenir de los nervionenses. Enzo Maresca desapareció de la titularidad y del banquillo, aparte empezó a criticar los planteamientos del entrenador. Cosa que no ayudaba a una posible reconciliación. Disputó minutos de la basura, y la grada se cebaba cada vez que el cuero pasaba por sus pies. Un botón: nos brindó un espectacular encuentro copero en Mestalla pero el sevillismo no se lo reconoció, es más se llevó el blanco de las iras por culpa de un sistema que terminó ahogándole. Hasta hoy. Estaba crucificado.

Quedan horas para su marcha. Un servidor espera y desea que se recupere futbolísticamente, allá en tierras transalpinas, helenas o donde el destino le tenga reservado un lugar. Unos le reconocerán méritos a su carácter ganador, italiano, ése necesario en cualquier plantilla para la obtención de las cotas más altas, otros simplemente se acordarán de su desafortunado dedo en los labios. Pero en el recuerdo quedarán los títulos, los goleadores y los éxitos. Y en ellos, en todos y cada uno de ellos, sobre todo en Eindhoven, estuvo presente Enzo Maresca: Il Capo.

Enrique Ballesteros

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