por Teresa Núñez | 5 Junio 2009
Hace algún tiempo escuchábamos un dato relevante que versaba sobre un nuevo record en uno de los jugadores del Sevilla. Esta vez era una marca a nivel personal y no estaba asociada estrictamente al tema deportivo. Se trataba de Enzo Maresca que por primera vez en su devenir como jugador, permanecía en un club durante 4 temporadas consecutivas. El salernitano es una de esas personas que como se suele decir “no se casa con nadie“. Pero al parecer, algo encontró en Sevilla que le hizo cambiar radicalmente de opinión. La ciudad del azahar abrió sus puertas a un italiano ávido por triunfar en el fútbol…y así lo hizo.
Vicenzo Maresca comenzó en esto del fútbol tempranito. Tenía 18 años cuando dio inicio su carrera futbolística en el West Bromwich Albion. Un Club ingles en el que no se llegó a integrar, así lo demuestran las múltiples cesiones que el mediocentro tuvo que acatar por parte del equipo al que pertenecía allá por la temporada 98/99. El Cagliari, el Florencia., el Bolognia, Piacenza, La Fiorentina o la Juventus de Turín, con la que ganó la Liga Italiana y el título de la Supercopa del país que unió Garibaldi, son algunos de los destinos pasajeros por los que este jugador italiano de acento sevillano ha divagado durante su trayectoria deportiva sin encontrar esa esencia que buscaba. En la temporada 2005/2006 alcanza por fin la chispa que le hace demostrar toda su valía llevando la manija en el centro del campo del Sevilla FC. Una temporada en la que se ganó el puesto de titular gracias a su lucidez en la medular y a su privilegiado olfato de gol. Vio portería en 11 ocasiones durante la primera campaña que militó con los de Nervión, 2 de estos tantos los marcó en Eindhoven y uno en Mónaco ante un Barcelona algo diferente al de ahora…Durante su primer año en Sevilla el italiano fue uno más de los que contribuyó a hacernos creer eso de que los sueños se cumplen. En más de una ocasión ha reconocido lo mucho que le gusta Sevilla y su gente. Y es que a Enzo esta ciudad dividida por las aguas del Guadalquivir le resulta familiar, dice que le recuerda a su Salerno natal. Será por eso que el Capo, el torero, ha permanecido en Sevilla 4 temporadas. Más que en ningún otro equipo.
El lunes pudimos escuchar al todavía sevillista, confesar que el club le había comunicado que no entraba en los planes para la próxima temporada. A mi se me partió el alma escuchando a Maresca diciendo lo mucho que le dolía esta decisión. Teniendo la fuerza para seguir hablando y evaluando la campaña como muy positiva, otorgando el éxito de la tercera plaza a toda la plantilla y al entrenador. Así lo hacen los grandes profesionales. Sin embargo no me gustó tanto escuchar en sala de prensa a uno de los capitanes diciendo, en esta ocasión, que su equipo jugaba mal y que eran normales las críticas que por aquel entonces desbordaban los ríos de tinta de los periódicos que hoy, cosas del fútbol, se transforman en elogios. Pero como “el que tiene boca se equivoca” y “rectificar es de sabios”, Enzo supo lidiar aquel mal momento, aclarar sus palabras y pasar al plano quizás más difícil de toda su vida: EL DE LA DISCRECIÓN.
“En el Sevilla FC lo único imprescindible es el escudo, la bandera y la afición”. Esta es una consigna que nos hemos aprendido bien todos los sevillistas desde que el presidente José María del Nido se pusiera al mando de la nave hace ahora siete años. Sin embargo hemos discrepado con la marcha de Sergio Ramos, de Baptista, de Daniel. Hemos llorado con Reyes, con Caparrós, con Antonio Puerta…Hemos razonado con Luisfa, con Drago, con Romaric, con Jiménez… Hemos homenajeado a David, a Aitor Ocio, a Martí…Hemos sufrido con Lautaro, con Koné, con Cheva, con el Gran Capitán… Hemos alabado a Kanouté, a Jesús Navas, a Adriano…
Y parece que ahora se acerca el momento en el que el capo Maresca adquiera de nuevo protagonismo. En el caso, más que probable de que Enzo tenga que abandonar el club nervionense, estoy segura de que el italiano será recordado como el jugador líder que se hizo con todo el vestuario por dialogante y decisivo. Será recordado como la persona que se paseaba por los aviones rumbo a Europa vendiendo flores de tela para una organización benéfica. Como el portador que enlazaba el juego impecable de su fútbol con la grada de Nervión. Por aquellos dos goles en la noche mágica de Eindhoven…
Connotaciones que destacamos en sus palabras, Enzo Maresca dice que “finaliza una etapa en su vida” en vez de decir que empieza una nueva. Señores/as, esta es la seña de identidad del club grande en el que nos hemos convertido, esa es la marca de la ciudad en la que vivimos, que deja huella. La magnificencia que imprime esta casta contagiosa que se transmite a través del aire y que narra hazañas de principios y finales, de héroes y personas, de glorias, de balones…de fútbol.
Teresa Núñez



