Teoría de la superrelatividad

por Pedro Monago | 3 Junio 2009

Siempre he pensado que los análisis parciales que hacemos a lo largo de una campaña de fútbol solo sirven -que no es poco- para el entretenimiento de los aficionados y porque constituye una parte importante del negocio periodístico de este país. Por lo demás, extraer conclusiones a raíz de lo sucedido en un partido o incluso en un conjunto de partidos, es bastante absurdo.

No me refiero con lo anterior únicamente a la perspectiva de los clubes y a las discusiones que pueden entablarse en cuanto a los posibles beneficios que para la consecución de ciertos objetivos pueda tener, por ejemplo, una eliminación prematura en alguna competición. Ahí es difícil ponerse de acuerdo y mientras habrá quien sostenga que el Sevilla de 2007 es un prueba de que no hace falta ser eliminado en ninguna competición para conseguir objetivos, otros opinarán que igual ese año el equipo podría haber ganado la Liga, si no hubiera sacrificado ciertos partidos en pos de los títulos de UEFA y Copa del Rey.

Tampoco me refiero aquí a la perspectiva periodística y a la ingente cantidad de sandeces que leemos y oímos a lo largo de todo un año -junto a opiniones perfectamente fundamentadas, no estoy generalizando- porque a fin de cuentas, como he dicho, es un negocio y cada cual lleva su negocio como le parece oportuno.

El punto de vista que quería tratar está más relacionado con los sentimientos, es el punto de vista de aquellos que después de un partido con un mal resultado se van a casa y se acuestan sin cenar, llevan mal ir a trabajar al día siguiente por tener que aguantar a sus béticos de cabecera -especialmente si el Betis ha ganado-, discuten incluso con sus correligionarios sobre el “desastre” acaecido y, los menos, pueden llegar a enfrentarse con cualquiera que asocien al club de sus amores, haciéndolo responsable de su desazón.

A partir de un comentario sobre la trascendencia final -a efectos de la rivalidad deportiva en nuestra ciudad- del gol de Kanouté en el último derbi, habiendo sido un gol poco celebrado, me di cuenta de que incluso algunos resultados negativos -marcar un gol no lo es, por más que no sirviera de mucho- pueden ser vistos ahora de otra forma por los forofos. Sin ánimo de exhaustividad, me planteo los siguientes ejemplos.

¿Fue tan malo como a un forofo le pudo parecer en aquel momento el empate en casa contra el Osasuna, producido en los últimos minutos?

¿Y el atraco a Pérez Lasa armado -con silbato- de Valladolid?

¿Y la derrota en Gijón?

¿Merecía la pena el sofocón del día del Getafe en nuestro estadio?

Y luego está el punto de vista contrario.

¿De verdad ha resultado ser tan divertido para los béticos -también forofos, insisto en no generalizar- como les pareció en aquel momento el gol del Getafe en nuestro estadio?

¿Y los celebrados goles del Valencia en el Ruiz de Lopera?

Lo dicho, la relatividad llevada al extremo y una enseñanza: esto hay que tomárselo con calma.

Pedro Monago

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