El orgullo, la casta y el coraje

por Alfonso Gentil | 31 Mayo 2009

Me he sentido muchas veces orgulloso de mi equipo, pero nunca como aquella dolorosa tarde de 31 de Julio de 1995. Aquella tarde en la que por un momento dejamos de existir.

Nuestros jugadores se los disputaban los aficionados de enfrente. Sí, sí, decían ¡Suker para nosotros, que ese sí que es bueno!…

Un equipo de Regional Preferente de Huelva, según me confesó un amigo, cuando quise disipar el dolor jugando al golf la mañana del día siguiente en Bellavista, se disputaba el puesto que iba a dejar la sucesiva cascada de descensos federativos.

Por la calle, esa tarde, paseando con un buen amigo bético, cuya educación no lograba impedir una sonrisa, lo felicitaban efusivamente los aficionados del Recre.

Conocían su filiación verdiblanca y camino de la primera cerveza del verano en la bellísima Punta Umbría, él callaba los comentarios poco afortunados de aquellos huelvanos, señalando mi aflicción, aunque yo orgulloso mostraba, sonriendo, serenidad ante los futuros acontecimientos.

La procesión iba por dentro.

En casa, mi hijo mayor, pequeño entonces, lloraba. Mi madre me preguntaba indignada, si eso podía ser. No conocí hasta entonces como de profundo eran sus amores futbolísticos.

Viví con dolor esos días. Escuché radios y lo leí todo.

Estuve en el Estadio, éramos pocos, en la mañana de la Asamblea de la Federación, escuchando la radio que trasmitía en directo.

Luego volví a ver la votación y me indigné de la hipocresía de ese dirigente futbolístico, al que su afición verderona le clamaba, como al pobre Pilatos los judíos, ¡crucifícalo!, ¡crucifícalo!

Esos días me paseé a diario con el escudo de mi equipo. Sonrisas y lágrimas.

El orgullo de ser aficionado de tu equipo, en el dolor absoluto, como si fuera algo físico, es lo que nos ha hecho ser diferentes. Es lo que nos ha hecho ser hombres justos (enhorabuena José Cadenas).

Si fuéramos capaces de ver lo que éramos en ese momento y lo que somos ahora, algunos aprenderían de una vez lo que significa su equipo, verían esa fuerza que suscita celos y envidia por doquier.

Las próximas horas, los celos y las envidias se volverán en su contra, y serán duras para algunos.

A los amigos les deseo lo mejor

Alfonso Gentil 

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