Inimitable

por José Enrique Vidal | 30 Mayo 2009

Hay una corriente de opinión muy extendida por los corrillos de nuestro fútbol local, trasplantada a lo burro del mundo de los negocios, conforme a la cual, el éxito deportivo de un club depende de esa cosa abstracta llamada “estructuras”, también conocida por “proyecto” o “modelo de gestión”, que todas estas palabras parecen expresar lo mismo en boca de sus inflamados adalides.Curiosamente -o quizás no tanto- esta idea forma parte últimamente del portfolio favorito de algunos microfonistas afines a cierta acera lechuguina, que se han especializado en escupir el discurso, cada vez con mayor recurrencia, todo sea por la causa, con esa seguridad y rotundidad con que sólo un ignorante se atreve a dogmatizar. A base de machacar a “su” audiencia, y utilizándola como palanca para presionar a su objetivo real, pretenden conseguir que éste salga de su cueva, a ver si por fin da su brazo a torcer, pues en el fondo todo es muy fácil. Sacas brillo a la fotocopiadora, le metes cuarto y mitad del organigrama sevillista, cambiando el membrete, eso sí, no sea que nos pillen, le haces la cirugía estética a cualquier exjugador que se preste para que parezca Monchi, y lo nombras director deportivo, fichas a dos o tres mendas que hayan sonado como refuerzo por Nervión, y así como el que no quiere la cosa, con cuatro retoques por aquí, y par de remiendos por allá, ¡qué digo yo cinco copas en quince meses!, ¡¡nosotros quince, y en un solo mes!!. De hecho, a la vista de lo que se avecina este fin de semana, ya están insinuando que un descenso de categoría es gloria bendita, sí, sí, claro, de toda la vida de Dios, hombre, pues provocaría casi automáticamente una catarsis teletransportadora hasta el firmamento deportivo, que esa fue la suerte que tuvo el Sevilla.

Es verdad que algunos gurús de la economía, auténticas mentes privilegiadas que, sin ir más lejos, nos han llevado a la crisis mundial que actualmente padecemos, sostienen que el buen funcionamiento de una empresa, y la consecución de sus objetivos, dependen de forma fundamental, si no exclusiva, de una adecuada organización, sólidas estructuras y un plan estratégico, en definitiva, un proyecto a medida, debidamente contrastado, y realista, que constituye el norte y guía de la entidad, sean cuales fueren su objeto, actividad o fines. La fidelidad al proyecto se configura así, según estos “lumbreras”, como la clave del éxito empresarial o, al menos, como un mínimo necesario para lograrlo, pues no te garantiza alcanzar la excelencia.

Nuestros dirigentes, me refiero a los del Sevilla Fútbol Club, vienen demostrando desde hace unos años que hay una parte de verdad en esa tesis, al menos en términos generales, pues gracias a la organización con la que se ha dotado al club (y algunas otras cosas más), no sólo se han conseguido éxitos, deportivos y económicos, sino que se ha rozado casi la perfección en lo que a la gestión se refiere. Del modelo sevillista podría predicarse lo mismo que de cierto insecticida en un anuncio de mi infancia, “eficacia probada”. Ahora bien, como toda receta mágica que se precie, se requiere mucha valentía y talento para definirla y extraordinaria sabiduría para administrarla. Sin comprender esto, puedes intentar aplicar la fórmula magistral del éxito sevillista en cualquier otro sitio, y el resultado será lo más parecido a presumir de uno de esos relojes “trolex” que te compras en la Chinatown neoyorquina a un euro la docena. Al primer golpe, no rula.

José María Del Nido Benavente, con esa insolente agudeza que retuerce las tripas de sus enemigos, vino a sentar cátedra, como tantas otras veces en los últimos siete años, con aquello de “nosotros a lo nuestro, y los demás que nos sigan copiando”. Debo decirles que estoy de acuerdo con nuestro Presidente, pero sólo en parte. Para que las cosas funcionen, en la empresa, en el fútbol, en la vida, no basta con copiarlas. Es necesario conocer el código-fuente que le da sentido al programa, verbigracia, ser originales y auténticos. Por eso, señores, ustedes que todo lo fían a la política del pirateo y del copia-pega desde hace justamente cien años, deben aprender, y “tomen güena nota”, que el motivo principal del slogan de la última campaña publicitaria del Sevilla Fútbol Club, “Inimitable”, no sólo define a la afición del club decano, sino a la política deportiva, social y económica de la institución.

José Enrique Vidal 

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