La paradoja de los números

por José Enrique Vidal | 27 Mayo 2009

En pleno siglo XXI, el significado de los números sigue siendo un enigma que la humanidad no ha logrado descifrar, pese a los avances de la ciencia, la investigación y el saber humano en general. Ni siquiera el boom de las computadoras ha conseguido simplificar el problema. Así pues, eso de que “las matemáticas no engañan”, “dos y dos, son cuatro” o “las cifras no mienten”, creánme, es puro camelo. Los números, las cifras, pese a que, en sustancia, son pura abstracción, idea, concepto, en ocasiones pueden inexplicablemente revelarse investidos de cualidades de naturaleza física o material, como la elasticidad, la antigravitatoriedad, el amagnetismo, y otras muchas que ni siquiera sé cómo se llaman. Eso sí, para ello, son necesarias la intervención de algún “vende-motos” desahogado, con calculadora u hoja excel en ristre, y una audiencia ligera de cascos, dispuesta a tragarse sin rechistar el discurso de semejante individuo.Si todavía están ahí, y no han decidido aún hacer click en otro lugar, les diré que sé perfectamente de qué les hablo, pues durante casi trece años he tenido la inmensa fortuna -lo digo, sin ironías, claro- de trabajar en la mayor firma de servicios profesionales del mundo, sí, una de esas conocidas como “big four”, donde pude comprobar desde la mismísima barrera el arte de interpretar las cifras a la carta, nada por aquí, nada por allá, y … aaaaaaaaalehop, ora consigo elevar a un inepto hasta las alturas, ora me cargo al más listo de la clase para que no me mueva la silla. Si uno consigue desinhibirse de la educación recibida y de su propia moral, les aseguro que puede llegar a ser todo un espectáculo ver en acción a uno de estos figuras, echando la “pata’alante” y dando una larga cambiada al infortunado morlaco de turno.

En el mundo del fútbol, esto que les cuento, no sólo es el pan nuestro de cada día, sino que se practica con verdadero descaro y sin el más mínimo rubor. Les pongo un ejemplo. El pasado lunes por la noche, dándome un paseo, todo lo lleno de morbo que ustedes quieran, por esas televisiones locales con programita futbolero al más puro estilo “brujalola”, pude presenciar cómo un peculiar personaje, alto cargo formal de un no menos peculiar equipo de fútbol, no sé si el cuarto o el quinto fundado en esta ciudad, afirmaba que su club, de cara al domingo, había decidido poner a disposición de cada uno de sus socios dos localidades extra a mitad de precio. Uno se pone a mirar cuántos socios se autoadjudica oficialmente ese club o cuál es el aforo declarado del anfiteatro en el que disputa sus partidos, y sólo puede llegar a dos conclusiones, alternativas, nunca cumulativas. Bien el número de abonados que tiene dicha entidad no llega ni a un tercio de los que declaran, o bien el recinto de juego es el nuevo Maracaná del siglo XXI. Elijan ustedes. Aunque, ahora que pienso, también cabe una tercera explicación, se ponen a la venta más localidades de las que pueden efectivamente entregarse a cada socio, y sin que existan asientos disponibles donde ubicarlos, pero esto, claro está, tiene su propio nombre y apellidos, y no figuran precisamente en la guía telefónica, sino en cierto código legal que me da yuyu de sólo pensarlo. Uy, casi sin caer en la cuenta, acabo de enunciarles la teoría de la elasticidad de las cifras, a la que antes me refería. Dejaré para otra ocasión eso de la antigravitariedad (capacidad de poner la clasificación liguera haciendo el pino) o el amagnetismo (o sea, de cómo jugar al fútbol como los ángeles, con un equipo repleto de estrellas, y que los resultados nunca te sonrían), no vaya a ser que se me duerma el personal.

Moraleja. Como todos sabemos, Manolo Jiménez acaba de ser renovado como entrenador del Sevilla Fútbol Club, de nuestro Sevilla de Champions, según parece, gracias a que los números, sus cifras, así lo exigían. Tercera plaza liguera, con acceso directo al premio gordo de la liga de campeones, sin necesidad de fase previa, en la penúltima jornada, y semifinalista de copa, son los principales argumentos, nada desdeñables desde luego, para fundamentar la postura de la continuidad. Esos mismos argumentos alcanzan la categoría de incontestables para quienes se parapetan en la consecución de los objetivos cuantitativos -en liga, of course- como principal baza a favor del arahalense. Para mí, debo confensarles, es la mejor decisión posible, porque es la decisión que ha tomado, presumo que adecuadamente informado y en conciencia, el Consejo de Administración del Sevilla Fútbol Club, y así lo argumenté ya en mi post “El futuro de Jiménez”, antes de conocer el desenlace definitivo del asunto. Ahora bien, desde aquí pido a nuestros dirigentes una cosa, a mi juicio, nada baladí. Que no traten de interpretar los números de Jiménez para llevarse el ascua a su sardina, traduzco, para justificar públicamente su decisión. Primero, porque, como hemos visto, las cifras son interpretables, y no necesariamente dicen lo que uno quiere que digan, y segundo y principal, porque la afición sevillista no se chupa el dedo, conoce a pies juntillas los méritos de nuestro entrenador, también sus defectos, y sin duda, sabrá estar a la altura de las circunstancias ahora que el debate sobre el míster empieza a sonar a carpetazo.

José Enrique Vidal

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