¿Qué Sevilla queremos?

por Paco Romero | 24 Mayo 2009

Estamos, por méritos propios, en Europa por sexta temporada consecutiva y pareciera que nos hemos acostumbrado a verlo como algo natural, como atisbo lógico, como presunción impepinable de que semejante hecho ha de producirse sí o sí, tanto que una clasificación para la Uefa Cup llega a calificarse de fracaso.Los sevillistas veteranos tenemos la obligación de dar a conocer a las nuevas generaciones nuestro pasado, nuestras vivencias -¿quiénes somos? ¿qué hemos hecho? ¿de dónde venimos?- con la intención, al menos, de pasar página, de no volver a repetir la travesía de un desierto de 58 años sin un título que traspasare las puertas de nuestras vitrinas; de que conozcan que existió un Linarejos, un Carlos Tartiere, un Salto del Caballo, un Vivero; de que nos visitaron, a veces con tremendas consecuencias, un Eibar, un Mallorca B y un Barça B, un Guetxo, un Isla Cristina, un Algeciras… que conozcan que no siempre fue todo de color de rosa, de fuegos artificiales y de cañones de luz, que hubo muchos momentos, demasiados, en los que nos acechó una infinita gama de oscuros colores muy fronterizos al negro.

A la finalización de un nuevo ejercicio, y cumplido con creces el objetivo que hoy celebramos, retoña la eterna pregunta: ¿con qué Sevilla soñamos?, ¿cuál es nuestro techo? ¿qué Sevilla somos capaces de mantener? En definitiva, ¿qué Sevilla queremos y dónde está nuestro límite?

Centrémonos en los tres pilares básicos del fútbol profesional: lo social, lo deportivo y lo económico.

Aunque entre los tres se produce un constante efecto feedback, el primero de ellos se convierte en el pedestal del resto de la arquitectura. Desde siempre -y hemos dado buena cuenta de ello- han sido nuestras señas de identidad el compromiso y la salvaguardia del Sevilla F.C. y el inquebrantable estado de alerta sobre todo lo que acontece en nuestro club. Mientras perdure el alma, el corazón y el sentimiento sevillistas haremos crecer indefectiblemente los planos deportivo y económico.

Pero ¿tenemos un techo? Lamentable y lógicamente, sí: después de tres años de constantes triunfos, tras cinco títulos levantados, la afición sevillista -reconozcámoslo- ha alcanzado su culmen; baste comprobar que, aliñado con la sombría crisis que nos envuelve y con las plataformas mediáticas que nos meten a paladas el fútbol en nuestras salas de estar, el aforo de un estadio inaugurado hace más de medio siglo continúa siendo excesivo, salvo en momentos muy puntuales ¿Cuándo estará el Sevilla en condiciones de mejorar lo hecho? ¿qué otras gestas habrá de consumar para que, de una vez por todas, no quepa un alfiler en las gradas de La Bombonera? ¿la necesaria remodelación del Sánchez Pizjuán debe llevar aparejada su ampliación?

En el plano deportivo, en la primera plantilla, quizá se ha echado en falta a lo largo de esta temporada, más que una falta de calidad, una migaja de casta y coraje, una reacción de rabia, de ese espíritu rebelde que personalizaron Pablo Alfaro, Javi Navarro, Pep Martí o David Castedo. Es el gran reto para el próximo año; urge encontrar un profesional que se coloque los galones y los ejerza dentro y fuera del terreno de juego.

Y, después de lo que ha llovido, eso es todo cuanto podemos reprochar a los nuestros pues estamos viviendo los mejores años de nuestra historia, sólo al nivel de la segunda mitad de los años cuarenta del pasado siglo. Nuestra plantilla ocupa los primeros lugares en los rankings de valoración. La política de “vender para crecer” nos ha llevado a unas cotas inimaginables hace tan sólo tres años, convirtiéndose en la piedra angular de la indiscutible grandeza del Sevilla actual. Para estar al nivel que hemos alcanzado no nos queda otra que soñar con la formación y promoción de nuevas estrellas que, tras sus cada vez más duraderos periodos de aportación a nuestro club, dejen unas arcas repletas que permitan componer unos presupuestos acordes con los de los grandes de Europa ¡Casi nada te pedimos, Monchi!

Y esto conecta directamente con la realidad de los números, con el pilar económico que se retroalimenta con los aspectos social y deportivo. En primer lugar, el Sevilla, como el resto de clubes, deberá permanecer ojo avizor con el estricto cumplimiento de los alegres compromisos adquiridos por las plataformas televisivas. A continuación, no debe olvidarse que la enorme subida del precio de los abonos hace dos temporadas puso a prueba la fidelidad de un sevillismo que respondió como un solo hombre en las taquillas. Otra cosa fue el absoluto fracaso de los euroabonos merced a una funesta previsión de las posibilidades económicas del sevillismo en relación directa con las retransmisiones televisivas.

Aun así, en el fútbol actual en general y en nuestro Sevilla en particular, las cuotas por abonos ya no son la principal partida de un presupuesto que se ha cuadruplicado en el último lustro, por lo que el club debiera analizar, esta vez sí, el nivel económico de su clientela afincada en una ciudad, en una provincia y en una región a la cabeza del desempleo europeo y hundida por la galopante crisis económica; es más, esta cuestión debiera convertirse en asunto de Junta General debido al descomunal esfuerzo que, por su lealtad, las familias sevillistas continúan realizando.

Recordemos el pasado disfrutando del presente para diseñar un futuro ilusionante en el que lo mejor siempre esté por llegar.

Paco Romero

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