por Pedro Monago | 21 Mayo 2009
Escribía la semana pasada en este blog que el partido contra Osasuna no era una final, sino la segunda semifinal que jugaríamos este año. Pasamos la eliminatoria -nos valía el empate-, aunque es verdad que quizás no lo hicimos con la brillantez deseable. El sábado próximo jugamos la final para la que nos hemos clasificado después de casi nueve meses de competición.Pocos de nosotros nos acordamos en mayo del 2006, en Eindhoven, del primer partido contra el Mainz 05 o del partido en Lille, y seguro que casi nadie recordó en mayo de 2007, en Glasgow, el primer partido contra el Shakhtar o el del Jueves Santo frente al Tottenham, porque en aquellos momentos estaba cerca el objetivo y eran, por tanto, días para disfrutar.
Nada debe impedirnos ahora, tampoco, disfrutar de ver a nuestro equipo en una final que es, sin duda, mucho más difícil de alcanzar, en la medida en que requiere no sólo hacerlo bien, sino también hacerlo bien de forma continuada.
Me parece lógico y hasta sano, que cada aficionado tenga su propia opinión sobre los aspectos técnicos de cada partido y de la temporada en su conjunto. Incluso entiendo el papel de unos periodistas que tan pronto reprueban ganar sin brillantez, para un equipo, como justifican ganar con maletines, para otro. Lo que para nada comprendería es que no dedicáramos todo nuestro esfuerzo desde ya y hasta las once menos cuarto del sábado, a ganar esta final, porque seremos nosotros los que disfrutaremos el próximo año de, quizás, la competición futbolística por clubes más importante del mundo y de lo que desde el punto de vista presupuestario ello supone.
A partir de ahí, ya se verá.
Pedro Monago



